PRESENTACIÓN* SESIÓN CLÍNICA “¿QUIÉN SOY CUANDO SOY YO?”

PRESENTACIÓN* SESIÓN CLÍNICA “¿QUIÉN SOY CUANDO SOY YO?”

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Formación psicoterapia con adolescentes y padres

* Presentación de la sesión clínica “¿Quién soy, cuando soy yo?” a cargo de Luisa Marugán dentro del ciclo “Problemáticas Actuales en la Adolescencia”

Son muchos los elementos que podríamos destacar de la adolescencia, pero, tal vez, lo más central es que es una etapa que se caracteriza por la conmoción del aparato psíquico y el quebrantamiento de las bases narcisistas que habían caracterizado la etapa infantil.

El estado de ruptura en el que se adentra el adolescente, requiere un trabajo de simbolización que implica dejar de ser, sin ser aún. Sin embargo, el miedo ante las propias pulsiones convierte el mundo en un lugar incestuoso que ha de ser nuevamente conquistado.

Sin tener que recurrir a las pulsiones propias de la primera infancia, el adolescente, a prueba de confrontar a sus propios padres, va descubriendo quién es en base a aquello qué fue. Debe matar al niño de la infancia para poder ser otro, y los padres, deben permitir no solo la muerte simbólica del hijo si no que también deben renunciar a sus expectativas narcisistas.

Este ciclo de AECPNA me hace pensar como, actualmente, nos encontramos ante una imagen desdibujada del orden simbólico y ante referencias parentales muy diluidas. Entre las problemáticas actuales en la adolescencia encontramos, por un lado, el desorden familiar en lo que corresponde a las funciones y lugares parentales y, por otro, la negación de la sexualidad y de la diferencia.

Sabemos que los hijos permanecen unidos a los padres el tiempo necesario para preservarse y, una vez cesa esa necesidad, el lazo natural cae por su propio peso, deja de ser “natural” para abrigar los destinos de la exogamia. Así, el desarrollo de los hijos advierte a los padres de que es hora de renunciar a las pretensiones sexuales. ¿Puede entonces el hijo constituirse como sujeto sin renunciar a su narcisismo infantil? ¿A que precio?

La separación de la madre nutricia se hace tan necesaria como la inserción en la cultura, siendo este proceso vivido con cierta nostalgia por el todo, es decir, por la pérdida de un pasado (y un futuro) idealizado.

En su autobiografía -Las palabras-, Sartre, hablando sobre sus pensamientos hacia su madre durante su infancia, dice: “… ¿Cómo habría de haber nacido de ella? Me cuenta sus desgracias y yo la escucho con compasión: más adelante me casaré con ella para protegerla. Se lo prometo; extenderé y pondré mi mano sobre ella, pondré a su servicio mi joven importancia…”

Las vivencias y mociones pulsionales de la primera infancia se reviven con el despertar sexual durante la adolescencia. De este modo, la conquista de la identidad sexual y la apropiación del cuerpo permitirá la integración en la cadena generacional, es decir, el adolescente podrá hacerse con su decir y diferenciarlo de la palabra de sus padres.

Por lo tanto, la desexualización del objeto endogámico es una de las tareas fundamentales de esta etapa evolutiva para poder representar internamente las vivencias de uno mismo, como adolescente y como futuro adulto.

El rechazo hacia el deseo de los padres, característico de la adolescencia, permite satisfacer las pulsiones sin tener que recurrir a los deseos incestuosos propios de un tiempo previo. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando la represión no se ha instalado en la fase fálica? o, como veremos a continuación, ¿qué ocurre cuando el adolescente sigue acudiendo a la cama de su madre cuando le invade el miedo?

¿Quién soy, cuando soy yo? Luisa Marugán ilustrará cómo las dificultades en las tareas de sexuación y de filiación en la cadena generacional pueden dar lugar a serias alteraciones de la identidad en el adolescente. Cuando la sexualidad es negada, la realidad se hace inabarcable, surgiendo así una serie de síntomas como es en el caso del adolescente que nos presentará Luisa hoy.

El miedo ante la propia impulsividad despierta la violencia interior y enuncia la fragilidad psíquica característica de esta etapa. La construcción de un enunciado propio en la adolescencia, como nos contará Luisa, requiere un trabajo de historización. Construir lo pasado como perdido, implica además un transcurrir cronológico y simbólico. Como nos dice Miguel Leivi “… aquello que entra en la historia, al ser reconocido como perdido, puede ser recuperado como recuerdo…”.

En el caso de Luisa, veremos como la negación de la sexualidad del hijo en una familia donde la ley simbólica de la palabra no impera adecuadamente, dificulta el crecimiento y actúa la necesidad de abrirse paso hacia el proceso de duelo por el cuerpo de la infancia. En tal caso, el acceso a la respuesta sobre ¿quién soy? se verá interferido por el síntoma.

Sobre esta importancia de sustituir los actos por palabras Massimo Recalcati dice: “El acontecimiento de la palabra es lo que humaniza la vida y lo que hace posible la potencia del deseo, introduciendo en el corazón humano la experiencia de la perdida… Tal perdida es mas bien un aligeramiento, un alivio, una apertura nueva de la vida.”

La adolescencia hace evidente la diferencia. Ante el encuentro con el otro aparece la soledad, la ausencia, la imposibilidad de volver a ser dos en un mismo cuerpo. Esta nostalgia de la infancia, junto con los fantasmas de unificación, son vividos con dolor y desconcierto. Elisabeth Roudinesco dice que “…la familia mutilada de nuestros días está hecha de heridas intimas, violencias silenciadas, recuerdos reprimidos…”.

Sabemos que, sin un enunciado propio, diferente al de los padres, se vuelve más dificultosa la tarea de salir de la situación sintomática que sostiene el goce incestuoso. Sin embargo, actualmente, con la caída del padre algo de la palabra también se ha perdido. Esto me lleva a preguntarme, ¿qué lugar ocupan actualmente los padres en la triada edípica? ¿Desde donde se ejerce la función de corte? ¿De que modo se inscribe en el niño la palabra del padre?

A continuación, veremos como un chico de 16 años tiene que hacer frente a las vicisitudes de la adolescencia de la mano de Luisa que, haciendo un trabajo de funambulismo en el quehacer con los padres, comenzó a poner palabras y reubicar a cada uno de los miembros en sus lugares correspondientes.

Isabel Manzano
Psicóloga
Socia de AECPNA

BIBLIOGRAFIA
(1) Leivi, M. (1995). Historización, actualidad y acción en la adolescencia. Revista de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires, 17, 585-611.

(2) Recalcati, M. (2013). El complejo de Telémaco. Anagrama

(3) Roudinesco, E. (2002). La familia en desorden. Anagrama.


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