Cada pareja de padres acude con una idea de lo que será el encuentro con el/la psicóloga que les atenderá en su demanda. Muchas y diversas son las expectativas que acompañan a unos padres en la mayoría de los casos angustiados por el padecimiento de su hijo o asustados por la sintomatología que presenta.

    Generalmente vienen con la idea de una relación médica en la que ellos cuentan y nosotros resolvemos, por eso, estos primeros encuentros son de suma importancia porque obligan a poner los cimientos de lo que será el futuro del trabajo con ellos. Por nuestra parte, es importante transmitirles ya desde el comienzo, cómo y cuál será este trabajo, que entiendan qué implica este recorrido, un recorrido que se encuentra muy lejos de satisfacer esa demanda de “arreglar a su hijo” sin que les comprometa mucho. La escucha particular que hacemos en estos momentos, las preguntas y la transmisión de lo que constituirá nuestro trabajo conjunto, hará que los padres vayan pudiendo dar respuesta a la inicial incertidumbre con la que acuden.

     Es importante manejar esto bien para que los padres, no sólo entiendan cuál será nuestro (el de ambas partes) cometido, sino para que se sientan parte del proceso y no ajenos a él.

   Nuestras intervenciones, nuestro foco puesto en determinadas cuestiones, irán ayudándoles a comprender que nuestro trabajo se encuentra muy lejos de ese modelo en el que lo que esperan obtener son una serie de consejos y pautas que les permita, en el mejor de los casos, restaurar una situación inicial. Para ello, sabemos que satisfacer las preguntas iniciales provoca una obturación en el espacio de reflexión y evita escuchar lo que realmente le está pasando al niño. Por otra parte, no responder en absoluto también puede ser contraproducente ya que los padres pueden sentirse abandonados o que no entiendan la ayuda que les estamos ofreciendo. Manejar ambas posiciones sabemos que no es fácil, pero tenemos que conseguir que los padres puedan ir cambiando las cosas después de haberlas reflexionado e interiorizado y no como resultado del acatamiento de las sugerencias del analista. Conseguir esto, supone para ellos entender que su lugar no es de sometimiento, que nuestra tarea no es de enjuiciamiento, sino de ayuda, una ayuda que implica una transmisión de aquellos aspectos que se escapan a su conciencia.

   En relación a esto, recuerdo que la madre de un adolescente en un momento de la primera entrevista me comenta que su hijo de 13 años desde que el padre había tenido que trasladarse a trabajar a otro país hacía 2 años, dormía con ella. Cuando terminó de verbalizarlo y sin yo mediar palabra me dijo “ya sé, ya sé que no lo debería hacer y que lo hago muy mal”, yo la miré y le pregunté “¿por qué piensa que está mal?” a lo que ella respondió “porque todo el mundo me lo dice, pero a mí no me parece mal, me gusta” Si en ese momento yo hubiera afirmado que efectivamente eso no era lo deseable, en vez de esperar a ver qué había detrás de su afirmación, se hubiera obturado la posibilidad de que ella desplegara qué había detrás del hecho de dormir con su hijo adolescente. De esta manera también quedó claro que mi lugar no era de juicio sino de ayuda para reflexionar sobre el vínculo con su hijo.

     Nuestro lugar como analista no pasa por pedirles un cambio de conducta o actitud ante un problema sin elaboración alguna, aunque esto no excluye ciertas situaciones donde es necesario ejercer una función de corte ante ciertas problemáticas y poder así generar una reflexión. Teniendo esto como marco de trabajo, nuestra habilidad será la de poder adaptarlo a la individualidad de cada madre y cada padre con los que trabajamos.

¿POR QUÉ LA IMPORTANCIA DEL TRABAJO CON LOS PADRES?

          Si no damos un lugar a los padres, éstos se sentirán fuera del proceso y por tanto podrán boicotear el trabajo. Los padres necesitan saber en qué momento está su hijo, qué le pasa, esto ayuda a tolerar el proceso. La madre de un adolescente me decía “qué importante es lo que me acabas de explicar para saber qué le pasa en estos momentos a mi hijo”.

     En las entrevistas con los padres se ponen de manifiesto conflictos de los padres como padres, se muestran atrapados en cuestiones de su propio pasado que se actualizan en los síntomas que presenta el hijo, como algo que viene de su historia. Escuchar analíticamente ciertas historias, es darles la oportunidad de comprenderlas, entenderlas y resignificarlas en el nuevo contexto que es la vida de ese hijo por el que acuden a la consulta. Si no se ponen de manifiesto esas cuestiones, quedan obturadas las vías para poder analizar determinadas situaciones quedando abierta la posibilidad de una actuación de los padres, retirar al niño del tratamiento o que éste se estanque.

     Cuando trabajamos con niños, también con adolescentes, nuestro trabajo va encaminado a la constitución de su psiquismo, una constitución subjetiva donde los padres juegan un papel estructurante. Esto marca una diferencia importante en el trabajo con los padres que es necesario ir delimitando desde la primera entrevista. Tenemos que favorecer que vayan pudiendo dar forma a lo que será un espacio de trabajo en común y que casi nunca se ajusta a la idea con la que ellos acuden. Iremos avanzando en un camino que recorreremos juntos y que irá modificándose partiendo de la expectativa de nuestro trabajo como meros transmisores de consejos y pautas, hasta ir construyendo un espacio donde se irán desplegando esa parte de sus historias personales que vinculan al hijo con ellos. Esa parte llena de identificaciones, expectativas, deseos…que corresponden a ellos y no a ese hijo. En ese espacio les ayudaremos a descubrir quién es ese hijo y a entender qué significado tiene esta afirmación más allá de sus certezas sobre ellos. Por nuestra parte, les ayudaremos desde nuestro marco teórico pero nunca dando por supuesto nada, sino que formaremos parte de ese “construir espacio” para poder ir descubriendo no sólo quién es ese hijo, más allá de lo que ellos pensaban, sino también quiénes son ellos (con sus propias historias) como padres. Un camino lleno de incertidumbres, de cuestionamientos, también de descubrimientos y donde la única certeza que tendremos es que ninguno de los 3 acabará de la misma manera en la que empezó.

Extracto de la presentación “¿Qué les preocupa a los padres?” en el acto de inauguración del curso 2018-2019, del 6 Octubre 2018.

BELÉN ALONSO MUÑOZ

Psicoterapeuta de niños, adolescentes y padres.

Miembro de la Comisión directiva y profesora de AECPNA.

Miembro de la FEAP.