En entradas anteriores del blog hemos planteado que para que un niño pueda ser niño necesita jugar, ya que es jugando – y jugando entre dos – que el niño se constituye.
Pero no todo lo que un niño hace en sesión es juego. Muchas veces, asistimos a pseudojuegos o descargas motrices que tienen como finalidad la evacuación de contenidos mentales que el niño no puede albergar dentro de sí. ¿Qué hacer, entonces, cuando un niño no juega?
Sabemos que al jugar el niño introduce la ilusión y funda el acontecimiento. Un acontecimiento subjetivo y subjetivante, ya que es en el jugar mismo donde el niño adviene. Pero no hay juego sin don, sin otro que done, sin otro que done palabras, sin otro que ofrezca esa apuesta libidinal que implica todo deseo de vínculo.

Veamos un ejemplo:
Mario tiene 6 años. Lleva unos meses en tratamiento. Para situarnos, diremos que la preocupación de sus padres era el movimiento incesante de su hijo y que no hacía caso, no obedecía pautas ni normas. Ocupaba el lugar del “niño tirano” que con sus rabietas dejaba desconcertados a unos padres impotentes ante los berrinches del hijo. Últimamente Mario recibe a su terapeuta mostrando su grandeza. Cuando la ve, se sube a una silla y desde ahí, salta. Ese es su saludo.

La sesión en el despacho continúa con un partido de fútbol. Recuerda las normas que se han establecido. Reparte papeles, él es el Real Madrid, la terapeuta, el Atleti. Equipos rivales se enfrentan en el campo. Se va caldeando el juego, los primeros goles, las repeticiones de los mejores momentos… Mario juega divertido. El ritmo y descansos los van marcando el equipo superior, el Real Madrid, y los del Atleti protestan. Pero el Atleti empieza a marcar goles. Como no podía ser de otra manera el descanso del partido llega cuando el Atleti va ganado al Real Madrid. En ese momento se interrumpe el juego y Mario se pone de pie sobre la mesa, la terapeuta interpreta: ” Ahora eres tú quien busca estar por encima de mi”.
Vuelta al juego, pero a la mínima, bronca entre los equipos. Mario no logra remontar el partido y estalla de furia. Se sube nuevamente a la mesa e increpando a la terapeuta, le dice rabioso: “¡Tú quieres que me enfade!”.

La terapeuta le responde que el enfado es suyo porque esto de perder no le gusta nada ya que siempre quiere estar por encima. En ese momento se gira y muestra el culo, con y sin pantalón. – “Ahora me muestras lo ofendido que te sientes y buscas que sea yo la humillada”.
Mario se tira al suelo y comienza a girar sobre sí mismo con movimientos descontrolados y frenéticos. La injuria narcisista de sentirse inferior, humillado, perdedor le resulta intolerable y busca evacuar – vía descarga motriz – una rabia y una angustia intolerables.
La terapeuta lo acompaña en silencio, esperando.

Después de unos minutos el ritmo frenético va cediendo y dice que se imagina que la pelota pasa a través de la terapeuta y que es gol. Le señala entonces, que esa idea le activa mucho y se pone como un “loquito descontrolado, un loquito furioso y humillado”. Nuevamente la palabra lo ayuda a volver al juego. Se tumba ocupando toda la portería. – “el Real Madrid está derrotado, solo protege la portería, no puede más, aguanta los últimos minutos del partido sin que entre un gol…”.
Antes de terminar la sesión dice: “¿Sabes que un perro ha matado a una mujer y a un niño?”. Su madre le ha explicado que están estudiando al perro, “le entró una cosa y se puso rabioso”
– “También a ti a veces te entra una cosa que te pone rabioso y quieres acabar conmigo y que desaparezca”
Al escuchar la interpretación, se sorprende. Se pone a cuatro patas y comienza a gruñir como si fuera un perro; mirando fijamente se acerca amenazante, muestra sus dientes y gruñe. La terapeuta “se asusta”. Comienza el juego.

A modo de reflexión
La rabia provocada por la injuria narcisista de no poder sostenerse en el lugar del “poderoso y triunfador” Real Madrid, que en un primer momento busca descargarse mostrando el culo y tirándose al suelo con movimientos descontrolados, luego de pasar por la palabra y la disponibilidad transferencial que el campo de la sesión permite, encuentra en la secuencia lúdica un escenario simbólico que abre el camino a la elaboración psíquica. Como dijimos al comienzo de esta nota, es jugando – y jugando entre dos – que el niño se constituye.

Gabriel Ianni, psicoanalista
Miembro Titular de la Asociación Psicoanalítica Internacional
Especialista en niños y adolescentes acreditado por IPA
Presidente electo y profesor en AECPNA

Nuria Sánchez-Grande, psicóloga
Psicoterapeuta acreditada por FEAP y psicodramatista
Miembro de la Junta Directiva de AECPNA