Es un placer que podamos contar con Silvia Lippi, Mariela Castrillejo, y Aldo Becce, integrantes del equipo del profesor Massimo Recaltati y con Mª Eugenia Cid, Guillermo Kozameh y Juan José Rueda, representantes de las 3 instituciones convocantes, para compartir ideas sobre la “Clínica del superyó en la actualidad”, tema que vertebra la clínica y la producción sintomática en estos tiempos.

A lo largo de las jornadas que hemos mantenido en estos últimos años con M. Recalcati, hablamos sobre las nuevas formas de la clínica contemporánea a partir de las particularidades que presenta nuestra sociedad: en la actualidad hay una dificultad especial para la existencia del deseo, que nuestro tiempo parece ser un tiempo en el que prima la  muerte del deseo, en el que la falta se transforma en vacío, una falta que no se orienta hacia el otro, que no se orienta hacia la experiencia del encuentro intersubjetivo y que tampoco se abre a la experiencia amorosa; es una falta que se orienta hacia el objeto y que exige ser llenada.

Un tiempo sin límite que no conoce la experiencia de la castración y donde se da un goce producido por el imperativo del superyó que habla de forma sádica y empuja a gozar.

Nuestra sociedad es una sociedad muy distinta a la que encontró Freud en la Modernidad. Fue visionario al decir en el “Malestar en la cultura” que: “épocas futuras traerán consigo nuevos progresos, acaso de magnitud inimaginable, en este ámbito de la cultura, y no harán sino aumentar la semejanza del ser humano con un dios”.

Así en la actualidad, parece producirse esa búsqueda por la semejanza con un dios todopoderoso, un Ideal imposible de alcanzar, que no hace más que aumentar las exigencias del Superyó. Esta instancia crítica y moral, hoy ya no prohíbe, sino que exige gozar más y siempre le resulta poco.

Una de las ideas de Freud en El malestar en la cultura, es que los síntomas de los sujetos están influidos por las condiciones de la civilización y Freud para hablar de los síntomas de su época, habla del malestar, de la infelicidad y de dos modos de expresión y manifestación de ese malestar: los síntomas neuróticos por represión de la libido y, la agresividad, por represión de las pulsiones agresivas que impone la civilización a los individuos.

En cada época hay una presión de la cultura que ejerce una determinación sobre la vida pulsional y sobre los modos de goce de los sujetos.

La revolución industrial instituyó el valor del trabajo como un principio, como un Ideal cultural. Las personas se orientaban por un Ideal de renuncia a favor de un futuro mejor, confiando en que con su trabajo progresarían. Se trataba del Ideal de privación que gobernaba y regulaba el malestar de la cultura del que hablaba Freud. Así lo constata Z. Bauman, en su conocida “Modernidad líquida”. El valor del trabajo en el capitalismo actual ha perdido su importancia.

La sociedad de nuestros días valora a sus miembros fundamentalmente como consumidores, no como productores, esa es la diferencia esencial.

El consumidor ideal sustituyó al trabajador idealizado. Ya no impera el ideal de privación ni el mandato superyoico de renuncia al goce, por el contrario éste se ha transformado en una exigencia de gozar.

Es una evidencia que gran parte de la clínica actual está ocupada por las patologías de la angustia y de la depresión, y que las neurosis clásicas modificaron sus modos de manifestarse.

Así, las formas con que acuden los pacientes a la consulta, son expresión de esta angustia que no logra localizarse en síntomas definidos. Se quejan de crisis de angustia, de ataques de pánico, de sentimientos de vacío, de cansancio y de falta de vitalidad, de somatizaciones, de dificultades en relación a la comida, de adicciones, de sentimiento de fracaso, de baja laboral por no poder continuar en un ritmo  trepidante, de una falta de deseo sexual, de temor a la pérdida del trabajo, al cese de las empresas en que trabajan…

Es habitual que digan que no pueden poner un nombre a lo que les ocurre. El malestar no se puede explicar.

Como nos dice Maximo Recalcati en su libro: Clínica del vacío, es una clínica de falsas identidades, que instituyen al sujeto no por su deseo sino por su goce.

Paradójicamente nuestras sociedades parecen incitar permanentemente la vía del deseo, o más bien de los deseos, a través de la moda, la publicidad, las revistas, la televisión, el cine, ofreciendo objetos y estimulando el consumo y la satisfacción rápida.

Sabemos por otra parte que al deseo se le alimenta con las prohibiciones y con las privaciones y vivimos en una época donde no se da ni lo uno ni lo otro. Si todo está permitido el deseo desaparece.

Recalcati nos muestra que el psicoanálisis se enfrenta a una clínica del vacío, donde los planteamientos de la sociedad de consumo oscilan entre los polos lleno/vacío: si se experimenta vacío de bienestar, hay que llenarlo, “ilusoriamente”, con el consumo de los productos que nos ofrece la sociedad, buscando el sentimiento de completud y evitando así el encuentro con la propia falta estructural.

Ana Abello

Psicoanalista

Vicepresidenta de ACIPPIA