Número 15

CICLO DE SÁBADOS: LOS ROSTROS DE LA MASCULINIDAD

Cine y psicoanálisis: Del ser al hacer... para volver a ser.

Por Daniel O. Antar y Melina Rigoni

Femenino, masculino. Dos adjetivos que sus­tantivados desafían la condición biológica, esa que se deberá carear con lo que de específico tiene el mamífero humano: la subjetividad. Esa que lo remite a una dialéctica sin fin: la de lo somático y lo psíquico, que no es tan sólo bio­grafía personal, sino asimismo, transgeneracio­nal.

Si ello es así, hablar de masculinidades, como lo hace la propuesta temática de AECPNA para su revista En clave psicoanalítica, será tan vá­lido como hablar de feminidades. Y nosotros re­cogemos ese guante de pluralización, que os­tensiblemente desafía todo una historia apro­piadora del género. Desafío que ya cobró valor desde la acuñación freudiana de la sexualidad humana como psicosexualidad. Ser hombre, ser mujer, a partir del psicoanálisis ya no son categorías signadas por el sello biológico sino fundamentalmente por las vicisitudes de la identificación; vicisitudes irreductibles de una persona a otra.

El cine, esa actividad tan propia del ser hu­mano, como actividad mitopoyética, pone al al­cance nuestro, y muchas de las veces con ma­gistral arte, las vicisitudes de esa dialéctica en­tre el soma y la experiencia humana, es decir entre aquella biología y la tramitación diría, bio­gráfica ampliada en lo transgeneracional. O sea, nos habla de ese campo sutil que nace en el soma que se va deslizando a un cuerpo de historia, de experiencias afectivas y de emocio­nes encontradas. Nos traslada en fin a otro es­cenario que es espacio erógeno, que es, siem­pre un espacio vincular. Pero valga subrayar que cuando hablamos de tramitación, no deci­mos historia sino más bien historización; es de­cir, lo que cada uno de nosotros hace con su historia…y claro está, con lo que ella “ha he­cho” también de cada uno.

Citaremos al pasar tres vertientes de este arte, que pensamos vienen en nuestra ayuda a la hora de pensar estas cuestiones: los films Rompecabezas, de Natalia Smirnoff, y  Tom­boy,  de Céline Sciamma, y por otro lado, la en­trañable serie Anne with an E,  de Niki Caro, basada en las novelas de Anne of Green Ga­bles, de Lucy Maud Montgomery.

En Rompecabezas, en la magistral actuación de María Onetto, vemos a una mujer, María del Carmen, que trata de volver a reconstruir –en la alegoría del juego de puzles- el identikit de su persona en el contexto de una generación que le ha impedido a la mujer singularizarse. Necesita a partir de su cumpleaños número cin­cuenta –puesta en crisis mediante-, reformular un modo de integración psíquica que ha peri­mido en la dirección de la búsqueda de su dicha personal.  A su lado, vemos al mismo tiempo hacer lo mismo a Juan, su marido, luego del desconcierto que le producen los cambios de “su” mujer. Este, hasta allí estaba muy afian­zado en una identidad masculina muy perti­nente a una generación; un rol de “marido pro­veedor” que concibe a su compañera atada a los menesteres de la casa y los hijos. Vemos así, al lado de la mutación que comienza a ope­rarse en María del Carmen, una “masculinidad” en reformulación, que se desvanece en su afianzamiento y crece en una supuesta debili­dad como efecto de un “ablandamiento afec­tivo” que le permite resituarse –mucho mejor- no solo frente a su compañera sino a su vida en general.

En Tomboy nos encontramos frente a la gran actuación de Zoé Héran, con una muchachita púber, Laure, refractaria a portar la identidad que su sexo de nacimiento le indica y cuyos pa­dres hasta allí han sostenido. Entonces Laure, que recientemente ha arribado a un nuevo ba­rrio, se presenta frente a los niños del lugar como un niño, llamado Michael. Pero no es tan fácil. Michael deberá enfrentarse a su marca biológica, hasta allí forzada al ocultamiento frente no tan sólo a sus coetáneos sino también a sus padres mismos. Lo que queda subrayado en  este bello film, entre muchas otras cosas, es que lo “masculino” aparece como una opción de ser en el mundo, más allá de la condición biológica al nacer. La dificultad estriba en que Laure para ser Michael debe apelar a un “como sí” no tanto por su deseo como por el deseo del otro. Esto es, que se va operando un desplaza­miento sutil donde Laure, debe ficcionar su di­námica emocional hacia una figuración que le permita sentir que es aceptada como tal. Ello lo podemos ver en la enternecedora y al mismo tiempo, cruda escena en que debe apela –para asistir a un paseo balneario- a un símil pene de plastilina por temor a la descalificación, ya acontecida en una escena anterior. Ese acto tierno y cruel, además, le permite identificarse con el género masculino en ese momento (así como en otro momento deja que Lisa lo maqui­lle). Michael elige un camino de virilización, pero no desprecia el opuesto, sabe que la diná­mica de lo masculino y lo femenino se puede transgredir todo el tiempo. Luego de nadar con sus nuevos amigos, y de medir su fuerza cuerpo a cuerpo en otro ritual viril, Michael guarda el pene de plastilina en la caja donde están sus dientes de leche. Un lugar donde confluyen las cosas que deben caer, los vesti­gios de su identidad en proceso de metamorfo­sis.

Por último, en la serie Anne with an E, vemos a Anne, una muchacha en el amanecer de su adolescencia, ejemplarmente interpretada por la joven actriz, Amybeth McNulty, intentando a partir de ser adoptada por dos entrañables her­manos, que la rescatan de una sufrida y trau­mática orfandad, reconstruir su deseo de vida y de ser amada, en una suerte de resiliencia ac­tiva a favor de los derechos femeninos en el contexto de una sociedad victoriana que co­mienza a incubar muy débilmente el lugar de la mujer. Por lo que no será un detalle que se plantea al comienzo mismo de la serie, el hecho de que aquellos hermanos, tuvieran que sor­tear la contrariedad que supuso que en lugar de un muchacho, le entregaran a una joven.

También aquí vemos al hombre reformular su identidad masculina como pudiendo comenzar a ser otra cosa que ejercicio del sometimiento no sólo de la mujer sino de sus propias emocio­nes; camino claramente funcional a una mujer, dispuesta a asumir una posición progresiva­mente activa, para cuestionar ese lugar de opresión y cosificación, como orden estable­cido y naturalizado.

En las tres propuestas podemos abrevar en la indicación de Donald W. Winnicott, acerca de la existencia de elementos femeninos y masculi­nos puros en ambos sexos. Dicha tesis resulta muy orientadora en el intento de vislumbrar más profundamente la compleja madeja de la cuestión en torno a la identidad de género. Donde más allá de la libre elección y de cómo ello dinámicamente se reconfigura con el avan­zar de los tiempos, seguirá siendo tarea de los psicoanalistas discernir lo que en cada caso se juega y eventualmente se presenta como esce­nario de sufrimiento psíquico.

En relación a esta tesis, nos es muy útil tener presente la idea de que en términos emociona­les la cuestión del ser parece estar arraigada en el vínculo materno-filial temprano. Si ello es así, y si como advertía dicho autor “No hay nada que podamos llamar bebé”, cuando alude a la idea de que en ese momento temprano de “dependencia máxima” del bebé, no hay discri­minación del estado de fusión con la madre, es claro  que bien puede caber a este momento evolutivo un componente que deviene estructu­ral: lo femenino. Luego, la salida de ello, pero con ello, o sea lo femenino, es el pasaje al ha­cer; actividad en  que dicho autor, ve nacer al elemento masculino de la personalidad. Emer­gencia independiente, subrayamos una vez más, de la portación de sexo al nacer

Volviendo entonces a Tomboy, Laure a través de Michael busca un modo de hacer asentado en una identificación desde donde poder “ser”. Esa identificación, no es otra cosa que un surco por donde desplegar al ser. Y de distinto modo, pero en la misma línea lo vemos en María del Carmen, en Rompecabezas, y en Anne, en Anne with an E, quienes en su búsqueda de restablecer algo del orden de su identidad, asu­men un rol activo desde el Hacer por recuperar sus derechos…de Ser

En cualquier caso, se trate de hombre o mujer, lo que como psicoanalistas podemos decir que está en juego, es el recupero a través del for­mato imaginario eventual, de los espacios del ser y el hacer en una sinergia que dignifique la singularidad por la que procuramos la dicha.

 

Sobre los autores:

*Daniel Omar Antar es psicólogo clínico con especialidad en niñez y adolescencia,  miembro titular en función didáctica de la Asociación Psicoanalítica Argentina, coordinador de “Amigos de APA”; coordinador de la Sociedad Argentina de Cine y Psicoanálisis, autor de los libros:  “Dialogando con Ana Frank. Acerca de la adolescencia.” Ed. Milá, Buenos Aires, 2014, y “cerca de la felicidad. Del placer al bienestar”.  Ed. Letra Viva, Buenos Aires, 2020.  Correo: danielomar.antar@gmail.com

 

**Melina Rigoni es profesora especializada en discapacitados visuales y licenciada en psicología. Realizó un posgrado en psicoanálisis en el Centro Sigmund Freud de Estudios Psicoanalíticos. Trabajó como psicóloga en el Hogar Nuestra Señora del Valle, dependiente del Consejo Nacional de Niñez Adolescencia y Familia, y en consultorio particular. Actualmente se desempeña en la Escuela para niños, niñas y jóvenes con discapacidad visual Santa Cecilia.

También ha incursionado en el campo de la fotografía, siendo compiladora de “La infancia menos pensada”, un libro que reúne algunas de sus fotografías, publicado con motivo del 80º aniversario de la Escuela Santa Cecilia.  Correo: melrigoni@gmail.com

BibliografÍa

Antar, Daniel Omar: Del montaje pulsional al vínculo, XXXVII Simposio anual de APDEBA “Lo inconsciente y lo pulsional en la cínica actual. Ecos de la metapsicología freudiana”, octubre, 2015.

–           Dialogando con Ana Frank. Acerca de la adolescencia. Ed. Milá., Buenos Aires, 2014.

–           Acerca de la felicidad. Del placer al bienestar. Ed. Letra Viva, Buenos Aires, 2020.

Francoise, Doltó:             –           La imagen inconsciente del cuerpo, Ed. Paidós, Barcelona, 1984.

Freud, Sigmund:             –           Obras Completas, Ed. Amorrortu Editores.

Winnicott, Donald W.:  –          Realidad y Juego, Ed. Gedisa, Buenos Aires, 1972.