REFLEXIONES SOBRE LA VIOLENCIA FAMILIAR, HOY. EL ABUSO SEXUAL INFANTIL

REFLEXIONES SOBRE LA VIOLENCIA FAMILIAR, HOY. EL ABUSO SEXUAL INFANTIL

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abuso infantil y psicoanálisis

El abuso sexual infantil, una de las caras de la violencia familiar, no es el negativo del Edipo sino su contrario (J. Tesone) y por tanto requiere de encuadres (como actitud mental y ética) que definan constantes y variables apropiadas para abarcar estos procesos o sucesos con la posibilidad de interpretarlos y/o intervenir.

S. Ferenczi desde su artículo sobre la confusión de lenguaje en el contacto adulto-niño nos alerta sobre el adulto seductor que propone erotización, donde el niño, debilitado, espera ternura.

En los casos de abuso sexual (y maltrato grave o severo) éstos se inscriben a nivel del perpetrador en el complejo espectro de las psicopatías y sociopatías, ya que  la asimetría dada por la constitución del sujeto humano en un vínculo con otro indispensable, se trastoca en una posición asimétrica donde un dueño de la verdad – instrumentador perverso del poder – reduce al otro a la inexistencia.

El perpetrador (a la manera del impostor descripto por J. Zac) se propone reducir al silencio todo pensamiento; es un productor de confusión, ignorancia y falsas expectativas, usa el miedo o el pánico como instrumento y envía mensajes paradojales que distorsionan toda información y le permiten un uso megalómano del poder.

Desde el conjunto (social) al sujeto le es impuesto un lugar (P. Aulagnier) y por ende pertenecer es necesario. Para las víctimas la opción binaria es aliarse o quedar afuera y en estado de amenaza, pierden los índices de discriminación y no detectan el ataque del perpetrador.

Para abordar esta problemática padecida por individuos o por conjuntos, contamos en psicoanálisis con el abordaje clásico, el intrapsíquico y otro que sucede en simultáneo, el vincular, del cual han sido pioneros de su conceptualización e instrumentación clínica Janine Puget e Isidoro Berenstein.

En las teorías de estos vincularistas el mundo familiar y el social ocupan espacios propios con sus reglas, leyes, lógicas propias y diferentes. El foco es lo que se va produciendo en el “entre dos” (o más) El espacio del vinculo (el Dos o más) es un hacer propio del reconocimiento de la alteridad de cada uno. Pensar “entre dos” o más es el mundo presentacional. En la dinámica del Dos: importan los procesos del presente y las relaciones de poder.

Los vincularistas plantean  nuevas hipótesis:

Que el hacer- intervención es algo nuevo y lo nuevo, lo que acontece, (A. Badiou) no coincide con lo que ya tenemos. Si es así es algo que vamos conociendo a través de modificaciones en un vínculo, una institución o una sociedad y que no podemos -o no debemos- referir a algo pasado sino abre un nuevo acceso. Plantean una relación de contradicción, de paradoja o de discontinuidad con lo que ya hay (porque no hay una hipótesis que abarque a los conceptos  repetición y novedad). El espacio de la subjetividad vincular es discontinuo.

Desde la clínica  encontramos que el abuso sexual infantil (intra o extrafamiliar) sucede en  familias o lazos familiares  donde coexisten dos leyes, una oficial y otra clandestina, y donde lo cotidiano es la comunicación con  significantes relacionados con la falsedad o mayormente las mentiras.

El tabú del incesto y la amenaza de castración están como enunciado pero no tienen significado y predomina el lenguaje de acción. Lugares y funciones están  trastocados ya que persisten los vínculos contrarios sin renunciar a ninguno, con el atrapamiento en posiciones de testigo o cómplice (silente o no) de la consumación  del abuso sexual a la víctima. Para ella no hay alternativa porque lo que está en peligro es la vida.

La opción de la estrategia pensada desde una teoría psicoanalítica de los vínculos abre una perspectiva de novedad al quehacer, en ese mal con-vivir familiar y social afectado en la discriminación del como pertenecer/ desligarse/ incluir/ excluir.

Con este centro (lo vincular) importa sostener la paradoja que se da en las presencias, las prácticas: ver no ver, saber no saber, oír no oír, hablar no hablar, incluso pensar no pensar apuntando a tolerar los  sentidos dados por la circulación del poder (como verbo) y no Poder (como sustantivo) Participación ésta que apuntaría a pre-venir, inter-venir el acontecer desde los espacios familiares y/o sociales acorde a políticas reguladoras del orden social que involucren salud, educación y justicia en los estamentos de toda la sociedad.

La violencia (y el abuso sexual infantil cuanto más) es efecto y es causa. La no intervención posibilitala re-presentación (en el sentido de volverse a presentar) en diferentes grados y maneras en los espacios intra (espacio de la psique individual) inter y transubjetivo (espacio de los vínculos familiares y los vínculos sociales) con la consecuente responsabilidad de la inhibición del poder sobre víctimas y familiares sostenedores y facilitación de la circulación del Poder en abusadores, cómplices intrafamiliares (y/o la sociedad en su conjunto).

Y en esto no se trata solo de errores, sino del horror con que  emociones y acciones extremas impactan a los profesionales y equipos tratantes obligando a defensas también extremas y donde la interdisciplina resulta una estructura de mínima para sostener la implementación de su práctica. Preguntas sobre que grado de prevención/ control /información/acción, etc.

A nivel de la niñez y las familias es indudable la necesidad de interactuar en los contextos que los abarcan en Salud, Educación y Justicia, donde suelen denunciarse o evidenciarse las problemáticas.

Las experiencias en instituciones hospitalarias tienen un registro somático y uno extrasomático que hace visibles los vínculos. Hoy las crisis del ámbito familiar y comunitario con sus problemáticas de inclusión y exclusión ligadas a la globalización, evidencian pluralidad y fugacidad de contacto con la atención médica y reproducen  autorecetas del mercado debido a la inmersión de los sujetos en la conectividad (J. Moreno).

En la institución escolar esa multiplicidad de puntos de vista en lo vincular puede, en situaciones de sucesos, generalmente excesos, llevar a tratar de anular las diferencias (uniformizando el lenguaje, banalizando el conocimiento de cada especialidad) excluyendo o incluyendo forzosamente lo que no encaja, en lugar de implementar un diálogo de las diferencias que incluye la aceptación de la alteridad (en última instancia sentida como extraña o ajena) generando violencias de distintas magnitudes y cualificaciones diversas.

Para el mundo social hay varios órdenes que co-participan (el orden jurídico es uno de ellos) en comunidades, donde lo común no es lo semejante sino lo compartido en la comunidad. La  extrema y feroz intolerancia a las diferencias plantea también en la Justicia situaciones constitutivas de lo vincular: cómo abordar el maltrato, el abuso sexual, los filicidios, femicidios, parricidios, gerontocidios o en el mejor de los casos, el paradojal alivio que sean sólo negligencias y la consideración de culpas o responsabilidades.

Así mismo nuevas leyes intentan proteger (gestión de denuncias, indicación de tratamientos vinculares-restricción perimetral- juicios de patria potestad – condenas más severas) creando nuevos límites y parámetros para los conflictos. Litigios por paternidad/maternidad, homofobias, xenofobias, corrupciones, etc., impactan en los consultorios y nos traccionan fuera de ellos, vía real o virtual, en pequeña o gran proporción.

A pesar de los avances, persisten los debates sobre los marcos para pensar, prevenir o intervenir en aquellas situaciones en que irrumpen distintas formas de violencia, caos y destrucción.

En la actualidad la aparición de la pandemia con sus cambios de magnitud impensable e impensada, nos confronta con la incertidumbre muchas veces negada o desestimada, pero a la vez nos enfrenta a desafíos y a acceder a nuevos caminos que abarquen acciones posibles en los  espacios intra, inter y transubjetivos. Al mismo tiempo que no son las sociedades en particular sino la humanidad toda la que está en juego, la conexión en redes re-vitaliza grupos antes inconexos y es la oportunidad para nuevas vinculaciones y descubrimientos.

En este nuevo contexto la detección precoz, las estrategias de contención-denuncia, el tratamiento de los sujetos y sus vínculos, etc., continúan apuntando al resguardo de menores y familias por su carácter de problemática aguda y de alto riesgo, donde resulta imperativo instalar dispositivos acorde a la meta: la preservación física y emocional del menor tal cual lo legisla la Convención Internacional de los Derechos del Niño.

Dora Nuesch*
Psicoanalista
Miembro titular de Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires (Apdeba). Filial de IPA

*Dora Nuesch nos acompañará en la segunda mesa redonda del ciclo “La violencia y sus destinos” dedicada al Abuso Sexual Infantil. Para obtener más información visita la página de actividades o pincha aquí.


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