ACTO INAUGURAL DEL CURSO 2018/19

Estoy muy agradecida a AECPNA por la oportunidad de compartir hoy mesa con mis compañeras y compartir espacio con todos vosotros. De manera especial a Iluminada, agradecerte tu presentación, por tus palabras y tu cercanía. Me ilusiona especialmente participar en este encuentro porque considero muy importante abrir y preservar espacios de análisis colectivo de nuestras prácticas, incluyendo dudas y cuestionamientos para contabilizarlos en aprendizaje y poder pensar y reflexionar acerca de estas cuestiones que nos ocupan hoy a todos los que trabajamos con niños, adolescentes y familias, para no caer en la tentación de la teoría verdadera, cristalizada y compartir una búsqueda.

Son muchas y muy interesantes las ideas, interrogantes y planteamientos  que se van a desplegar hoy aquí, cuyo contenido, al igual que en el seminario que nombraba Iluminada en la presentación  “Motivos habituales de consulta en niños y adolescentes”,  tiene como especial característica una dialéctica permanente entre la práctica y la teoría.

Esta dialéctica es una motivación para transitar los diversos obstáculos a los que nos enfrenta la clínica psicoanalítica actual  y reflexionar juntos en la capacidad transformadora de estos.

En cuanto a los NUEVOS RETOS, podemos empezar preguntándonos… En la práctica clínica ¿cuándo se consulta por un niño? ¿Hay cambios en cuánto al motivo y modo de consulta?

En nuestro trabajo como psicoanalistas siempre tenemos en cuenta la singularidad de cada uno de los consultantes que recibimos. En el trabajo con niños y adolescentes de manera muy particular además, ubicamos esa consulta en el contexto familiar y social en el que ese niño está inmerso.

En la  época actual, reflexionar la clínica de los niños, adolescentes y parejas de padres que deciden iniciar un trabajo terapéutico, nos lleva a preguntarnos por intervenciones que tengan en cuenta estas transformaciones sociales porque afectan a la subjetividad de las personas que nos consultan y también porque lo que podríamos considerar que es “normal” depende de lo normal en cada época.

Por eso mismo son importantes estos espacios y agradezco vuestra presencia porque nuestro trabajo nos confina en nuestras consultas y a veces nos sentimos solos con nuestras dudas.

Cuando pienso qué hay de nuevo realmente, de dónde parte la demanda y en los motivos de consulta, tengo que decir que las nuevas problemáticas en la infancia, en el entorno en que se mueve esta sociedad actual (en la que se idealiza el éxito sin esfuerzo, el éxito fácil, el consumo, la imagen, una sociedad en la que parece que todo se puede), las nuevas problemáticas en la infancia están más vinculadas a patologías narcisistas que neuróticas, y esto hay que tenerlo en cuenta en el trabajo clínico.

Quizá lo más actual que mencionaría, en cuanto a sintomatología que abunda hoy, especialmente en adolescentes y adultos, es la desorientación. En el caso del adolescente no solo una desorientación vocacional, sino desorientación respecto de cuál es su lugar, de salirse de una situación pasiva que le dificulta apropiarse de un discurso propio.

La precariedad, la errancia y la incertidumbre son elementos de nuestro tiempo y vemos sujetos sin punto de referencia, sujetos dispersos.

También pensar en lo nuevo me lleva a contemplar dos vías: El avance incontenible de la ciencia y el de la tecnología lo que produce nuevas situaciones en nuestro campo, pensaba por ejemplo en nacer hoy en día. Las Nuevas Tecnologías Reproductivas plantean interrogantes para ser pensados ya que se traspasan  límites  que parecían infranqueables. Y no solo esto, las aportaciones que permite el avance de la ciencia posibilita entre otras cosas, elegir el sexo del niño; es complicado que no quede trastocado el deseo tal y como lo pensamos nosotros.

También las nuevas configuraciones familiares son un espacio rico para pensar. El pedido de un dibujo de la familia a un niño en consulta, hoy, parece  una tarea mucho más compleja.

En cuanto a la demanda creo que parte sobre todo de la escuela.

Nos encontramos con una época que tiende a clasificar el sufrimiento, conductas humanas bajo casilleros, bajo el nombre genérico de trastornos clasifican a los niños y adolescentes.

El síntoma diagnosticado es un lugar de identificación, lo cual lejos de ayudar a abrir la subjetividad la amordaza con la etiqueta.

Pensaba en una niña de 6 años que al preguntarle por qué le han traído decía “porque no atiendo en clase porque soy tdah”. Cuando atiendo a esta niña en consulta, y en el transcurso de una sesión interrumpe el juego, son cuestiones de este tipo las que la sacan de la escena del juego: “Elena la luna ¿es queso o es roca?” Una pregunta realmente importante que abre muchas vías para pensar y que por supuesto requiere de una respuesta que desde luego no pasa por la medicación. Es como si ya no hubiese lugar para lo imprevisto, como decía Mannoni “lo imprevisto y la fantasía perturban”.

Se ubica la patología allí donde hay funcionamientos que molestan, a padres y profesores; alejándose así de lo que siente el niño, de lo que verdaderamente le provoca malestar.

No podemos evitar observar que el tema de etiquetar tiene que ver de nuevo con los modos de proceder de nuestro mundo contemporáneo.

Una vez borrado con las etiquetas lo que al niño le hace sufrir, aparece en segundo término la solución para aplacar el síntoma, la medicalización, es decir, el abuso de la medicación. Esto nos puede llevar a preguntarnos ¿por qué hay tanta demanda de uso de medicación? ¿Por qué parece que somos el último recurso que solicitan?

La gente hoy en día prefiere aquello que le dé respuestas fáciles, la inmediatez y las soluciones rápidas caracterizan nuestra época. Puede que no todo el mundo esté dispuesto a encontrarse con la escritura de su historia. Tenemos que aceptar que nuestra propuesta quizá no es sencilla.

Desde otras orientaciones los síntomas son conductas inadecuadas. Desde el psicoanálisis tenemos que tomar al niño, al adolescente, en su palabra, esto quiere decir, poner en valor lo que el niño, a través del juego, del dibujo, o el adolescente expresa.

Muchas veces vamos a ver síntomas desenlazados de la palabra, síntomas desconectados, sobre todo en los adolescentes, asistiendo así a un síntoma más mudo, actuado.

En la adolescencia la forma del abordaje terapéutico que elijamos es importante. El adolescente no puede pensar por falta de herramientas. Necesita al analista para encontrar palabras. Hay que crearles enigmas allí donde no los hay.

¿Qué padres nos encontramos en la clínica actual?

Nos encontramos con padres desorientados que buscan soluciones rápidas y medicamentosas, muy al modelo médico, que al acudir a nuestras consultas demandan imperativos que les digamos qué hacer, y nos preguntan cuánto tiempo calculamos que nos va a llevar resolverlo, y si se puede hacer en sesiones quincenales… mejor. Podemos retomar más adelante el tema de la frecuencia de las sesiones.

¿La imprevisibilidad  de la sociedad y la familia actual (“amor líquido” Z. Bauman) será compatible con la  estabilidad, la permanencia y  el tiempo que  requiere cualquier proceso de  crecimiento? 

¿Qué hacer cuándo nos plantean sesiones quincenales? El que se produzcan efectos analíticos no depende estrictamente de la cantidad de sesiones semanales, pero es verdad que lo que nosotros sabemos hacer, lo que caracteriza nuestra escucha frente a cualquier otra, en sesiones quincenales es más difícil.

No contamos con la cultura del esfuerzo ni con el compromiso prolongado, pueden darse anulaciones o cambios de sesiones de última hora por mensaje de whatsApp, la transferencia parece ser más despegada, sensación que traducimos del hecho de sentir que a veces pareciera que somos nosotros los que estamos poniendo un poco más que nuestros consultantes para sostener los tratamientos. La tecnología, el uso que hacen nuestros pacientes del móvil en el espacio entre sesiones, es otra cuestión a pensar.

A veces nos cuesta ser creativos para resolver cada uno desde su forma original de trabajar  porque quizá pensamos que podemos ser censurados desde la escucha de alguien más experimentado, nos cuesta salir de la queja y considerar que ahora este tipo de cuestiones son frecuentes y necesitan de una respuesta original.

El gran desafío nuestro es articular el encuadre clásico con lo actual.

¿Qué hacer cuando los padres nos demandan que les digamos qué tienen que hacer?

En nuestra profesión el mantra de que el cliente siempre tiene la razón choca de bruces con los planteamientos psicoanalíticos, ya que son precisamente las razones del consultante donde se sostiene su sintomatología.

Ceder al imperativo mercantil (dame lo que te pido), responder a la demanda de quien acude a nuestra consulta, no haría más que acallar las causas inconscientes de su padecimiento.

La desorientación de este tiempo les dificulta sostener la autoridad y a veces queda confundida con el autoritarismo, les cuesta responder a lo que esta época les demanda en su función.

De nuevo nuestro desafío, sostener en silencio su demanda para favorecer pensar y poder transmitirles que ese saber lo tienen pero hay que poder conectarse con él y en eso nosotros podemos ayudarles.

Darle un sitio a la pareja de padres en nuestro trabajo con niños y adolescentes es muy importante, tener entrevistas con ellos ayuda mucho en el tratamiento y también facilita  que puedan escucharse desde un lugar distinto a la desilusión porque de verdad pienso lo que os comentaba antes, que muchas veces, somos el último recurso. Parece que han probado de todo y nada funciona.

¿Por qué el psicoanálisis tiene tanta dificultad de desarrollarse hoy en día?

Puede que tengamos demasiados objetos para taponar la angustia, al menos, a corto plazo.

Puede que el auge del consumismo potencie que el sujeto se tome a sí mismo por consumidor-que en realidad queda consumido por los objetos- lo cual hace que tome los tratamientos como otro producto a consumir, cuestión que afecta tanto a la transferencia como al encuadre, porque el tratamiento queda puesto en serie con los demás actividades cotidianas. Lo observamos en las agendas extraescolares de nuestros pacientes niños y la dificultad de encontrar un espacio para el tratamiento entre esos horarios tan completos, actividades a mediodía, en el espacio después del comedor y actividades por la tarde después del horario escolar. Cuando esta cuestión es mencionada a los padres de nuestros pacientes de manera distendida para favorecer el diálogo y el cuestionamiento, suelen violentarse y defendidos contestan con frases del tipo; “para nada el jueves a mediodía lo tiene libre”.

Una consecuencia inmediata de este fenómeno es que los niños pasan más horas en el colegio que en su casa.

Las nuevas redes sociales implementan una nueva forma de comunicar y el móvil parece convertirse en una prolongación de la mano de nuestros consultantes.

Cuando la transferencia es favorable Muchas veces nos dan sus móviles para que leamos  el último wathsApp  sustituyendo la palabra del encuentro con lo real de lo escrito por otro o veamos la última foto, si no pasa por la imagen el sujeto no cree que su experiencia es verdadera.

¿Cómo afecta la revolución tecnológica a nuestros adolescentes?

Y a los más pequeños, porque también el lugar del niño cambió radicalmente, hoy por hoy, en lo social es un poderoso consumidor que se tiene en cuenta vemos millones de ejemplos en la publicidad.

(Hablando de la publicidad, para ésta, el niño no es únicamente un menor de edad, todos quedamos atrapados en esa categoría si accedemos a objetos de consumo que parecen tener como finalidad que no se puede envejecer).

Es verdad que cada vez hay más estudios respecto del uso del móvil, Tablet, pero parecen estar más centrados en la investigación acerca del número de horas que los niños pasan delante de estos dispositivos y cómo afecta al rendimiento intelectual.

Desde el psicoanálisis, los medios digitales no es lo cuestionado, nosotros siempre reflexionamos acerca de los usos que se hacen del objeto, como defensa y proyección, el móvil, los videojuegos; ¿son un medio para expresar? Recientemente lo escuchamos en esta escuela, en una sesión clínica a cargo de Gabriel Ianni y Marian Rosales “La subjetividad adolescente y los videojuegos”, donde las pantallas y los juegos on-line resultaron fundamentales en el tratamiento para desplegar una fantasmática puberal, O por el contrario, son un medio favorable para favorecer la desconexión de nuestras emociones, la tecnología favorece ese estar sin estar, un vaciamiento psíquico sin que nadie sostenga o calme con la palabra.

Para finalizar, todos los cambios en lo social necesariamente nos tienen que llevar a un cuestionamiento, o seguimos anclados a nuestras teorías  o nos planteamos la posibilidad de nuevas formas de intervenir que den cuenta de los cambios y de las nuevas demandas.

Se abre un espacio para nuevos interrogantes. Una falta en saber que permite una nueva articulación en el entramado clínica-teoría.

Muchas gracias a tod@s!

Elena Traissac.

Psicóloga Clínica-Psicoanalista.

Docente de AECPNA