DEL FÚTBOL AL PSICOANÁLISIS: UNA ILUSIÓN COMPARTIDA, DOS MARCOS DIFERENTES

DEL FÚTBOL AL PSICOANÁLISIS: UNA ILUSIÓN COMPARTIDA, DOS MARCOS DIFERENTES

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Fútbol y psicoánalisis

Del fútbol al psicoanálisis: una ilusión compartida, dos marcos diferentes

León Kleimberg

Este artículo trata de algunos pensamientos, reflexiones y experiencias que tengo del fútbol y del psicoanálisis y las posibles conexiones entre ambos. Pero también es un tributo a mi antiguo entrenador de fútbol, el Sr. Moisés Barak, con quien, debo decir, he aprendido de qué se trata el fútbol real: aparentemente, según el Sr. Barak “se trata de reservar mis manos para mi novia”. Me explicaré. Cuando comencé a jugar al fútbol de verdad en mi adolescencia, un día en una sesión de entrenamiento de fútbol, cogí el balón con las manos y eso es lo que escuché a mi espalda con una voz autoritaria. Recuerdo, que en aquel preciso momento, comprendí algo dentro de mí: mi mente tenía que concentrarse en mis pies y mis manos en mi novia. ¡Aquel fue verdaderamente un pensamiento profundo para un adolescente! ¡Una auténtica revolución mental! El fútbol, ciertamente, no consistía en coger el balón con las manos. ¡Y en lo que se refería a las chicas, había también mucho que aprender! Por supuesto, como descubrí más tarde, las manos también se podían utilizar en el fútbol, pero solo si eras portero.

La lección que aprendí desde esta mente de un adolescente que aprendió de esta experiencia, fue que podía tener una novia, una verdadera revolución en esa edad, pero también que podía jugar al fútbol, es decir, jugar al fútbol auténtico. Se trataba de jugar, ¡pero jugar un juego muy serio! A pesar de que, recuerdo que en aquellos tiempos, a los futbolistas tampoco no se nos permitían manos ni sexo con nuestras novias en las temporadas de campeonatos. ¡Teníamos que reservar nuestra energía tanto como pudiésemos, para el partido! ¡Qué contradicción! Sin embargo, merece la pena mencionar mi sorpresa de que lo que hace que el fútbol sea un juego tan mágico y popular, es precisamente el que tenemos que jugarlo con nuestros pies y no con nuestras manos. Ciertamente un dominio de lo imposible. Ciertamente la transformación de una desventaja en una destreza y de una sensación de impotencia en creatividad. Como seres humanos estamos diseñados para usar nuestras mentes y nuestras manos, para el control y la manipulación fina, no nuestros pies. Me pregunto si esta es una de las fuerzas que hacen del fútbol un deporte tan diferente a los demás. ¿Es esta parte del proceso lo que hace del fútbol el juego del pueblo? Todos los demás deportes tienen que dominar el conflicto, exacerbar el control y desarrollar la cooperación, todas fuerzas fundamentales en el desarrollo de la sociedad y la civilización (Norbert Elias, 1966. British Journal of Sociology). Pero el fútbol es el único deporte que tiene que ver casi exclusivamente, con los pies y la cabeza. Debe haber una profunda llamada y atracción hacia una actividad que nos ofrece la posibilidad de transformar una desventaja en una destreza, la impotencia en dominio y la pobreza en riqueza. ¡Esto ocurre en el fútbol, ocurre en la vida, ocurre en el Psicoanálisis! Por supuesto yo esto nunca lo conseguí. En el fútbol quiero decir. Mi entrenador y mentor, el Sr. Barak llegó a ser el entrenador del equipo de la selección nacional Peruana mientras que yo me convertí en Psicoanalista.

Hablando de contradicciones, no estoy seguro si fue esta contradicción entre el fútbol y el sexo, o una mala lesión temprana en mi carrera de futbolista, lo que contribuyó a mi cambio de juego, quiero decir, carrera; pero moverme de una profesión a la otra, ciertamente me ha ayudado a ver, que hay muchas cosas en común en ambas partes, tal y como mi propio analista me diría también más tarde. El fútbol, a pesar de haber sido inventado por los ingleses en su versión actual, ya era jugado por los chinos, los romanos, los japoneses y los aztecas mejicanos siglos atrás. Era una versión ligeramente diferente al juego de hoy. Por ejemplo, los aztecas jugaban una especie de versión de cinco a cada lado, con un balón de caucho, y los ganadores del partido eran sacrificados ante la deidad Azteca, sus corazones extraídos y su carne comida por los jóvenes guerreros aztecas, aparentemente para ser tan valientes como los futbolistas. A pesar de que era un honor ser sacrificados por su dios Huitzilopochtli, dios del sol y la guerra, era aparentemente un verdadero juego de vida y muerte. Me pregunto si Bill Shankly, entrenador del Liverpool, sabía esto cuanto hizo su famoso comentario: El fútbol es más importante que la vida y la muerte. Sin embargo, hoy voy a concentrarme solamente en algunos aspectos de este juego tan tremendo. Usando algunas ideas de un colega, Michael Parsons (1990), intentaré describir mi creencia de que el psicoanálisis y el fútbol tienen dos cosas visibles en común. ¡Por supuesto, a parte del sexo, las contradicciones y los pies! Estas dos cosas en común son, creo, la capacidad para jugar y la construcción y preservación de un marco o estructura sólida. El marco o estructura, es decir, las reglas y los parámetros en el fútbol y en el psicoanálisis, ayudan a separar la fantasía de la realidad, y permite a la fantasía, a través del juego, convertirse en una realidad muy seria. El marco, de esta manera, contribuye a crear el juego, pero también a preservarlo. Una vez que los límites están firmemente establecidos, el analista y el paciente se pueden embarcar en una experiencia ilusoria de subjetividad, tal y como hacen los futbolistas y el público, al implicarse seriamente en un partido de fútbol. Un encuentro futbolístico, al igual que un proceso psicoanalítico, es una experiencia compartida única, que convoca a las personas a vivir y revivir una experiencia especial que solamente puede ocurrir en el momento en que es vivida. Esta experiencia compartida tiene que ver con nuestro mundo interno, nuestras experiencias pasadas y nuestros impulsos agresivos y sexuales sublimados presentes y pasados. Para que ocurra este encuentro, igual que en el teatro, por ejemplo, necesitamos creer que lo irreal se ha vuelto muy real, y que identificarse con la realidad del juego, el partido o la sesión analítica, es algo muy honorable de hacer. Las proyecciones ocurren, las transferencias se desarrollan y, de repente, somos transportados a un mundo de ilusión en donde el pasado y el presente, lo real y lo imaginado pierden su línea divisoria. Esta es una experiencia muy interesante porque, para que la irrealidad y la imaginación pierdan su línea divisoria, el marco tiene que estar seriamente preservado. Pensemos qué ocurre cuando el público invade el campo, el partido se interrumpe o finaliza, y lo mismo ocurre en psicoanálisis cuando los límites del proceso terapéutico se rompen por un fuerte acting out. Quizá sea importante mencionar brevemente que, respecto a los aspectos terapéuticos del deporte, parece que, en este momento de ilusión, de alguna manera se produce una cicatrización emocional, cuando ocurre la experiencia compartida de la creencia y el juego, igual que ocurre, me parece, en una experiencia religiosa o terapéutica. Me viene a la mente un hincha del Arsenal que me explicaba como, para mantener al Arsenal en la senda ganadora, algunos seguidores de Highbury no lavaban la camiseta durante semanas, otros guardaban los guantes sucios en sus bolsillos tanto como fuese necesario, y otros se retorcían en el asiento durante el partido, porque se supone que no podían ir al cuarto de baño hasta que se hubiese terminado el partido y conseguido la victoria.

Todos estos rituales religiosos para asegurarse que las fuerzas supremas de la vida mantenían al Arsenal en esa senda ganadora. Algunos de estos procesos curativos son profundos y permanentes, otros no; pero, al igual que la experiencia religiosa o terapéutica, me parece que la experiencia del fútbol puede ofrecer, al final del día, algo que puede cambiar el balance general de las cosas, individual y socialmente, tal y como Nick Hornsby muestra en la novela Fever Pitch: es un intento de ganar cierta perspectiva a mi obsesión. Por que esta relación que comenzó un cuarto de siglo atrás en el colegio ha sobrevivido, mucho más que ninguna otra relación que he hecho por mi propia voluntad. (Amo a mi familia muchísimo, pero ellos de alguna forma, me han sido impuestos, y ya no estoy en contacto con los amigos que hice cuando tenía catorce años-aparte del único hincha del Arsenal en el colegio). Y por que esta afinidad ha podido sobrevivir mis momentos periódicos de indiferencia, tristeza y verdadero odio. Nick Hornsby (1996, pág. 11). En el fútbol, al igual que en el proceso terapéutico o religioso, hay algo fundamental y subjetivo (Oackley, C. 2007), que no puede explicarse ni puede definirse fácilmente. En general, esta experiencia solo puede ser vivido y percibido como una realidad concreta. La sociedad no puede ser curada permanentemente, pero las curas temporales marcan una diferencia o un punto de partida para posibles procesos de cambio y transformación graduales y futuros. De la misma forma en que los actores y el público pueden elaborar algo en el teatro, a través de un proceso mutuo de identificaciones, también los jugadores y sus hinchas lo hacen en la experiencia futbolística, ya sea un partido, una temporada, o la pertenencia vitalicia a un club determinado. Es en este área común, entre el psicoanálisis y el fútbol, la creencia en la realidad de una ilusión y la seriedad del jugar, en donde quiero detenerme, para explorar tres aspectos en los que siento que estas dos prácticas se encuentran.

En este artículo, no voy a hablar de la belleza, la destreza y la creatividad que tiene el deporte, y que todos compartimos, ni de la parte dolorosa y trágica que todos recordamos. Creo que son, precisamente, la gloria y la tragedia del juego, lo que lo convierte en uno de los espacios universales que tiene la sociedad, como una arena para las proyecciones inconscientes y las transferencias emocionales. Lo que voy a explorar en este trabajo, son tres vínculos fundamentales entre el deporte y el psicoanálisis que, a mi modo de ver, comparten en su mayor parte: 1.- La función transformadora del deporte. 2.- La transformación de héroes a villanos, como un laberinto del deporte. 3.- Crecimiento, separación e individuación y experiencia emocional en el deporte.

1. La función transformadora del deporte

El fútbol como el psicoanálisis puede ser un proceso transformativo. El psicoanalista Christopher Bollas (1986), ha descrito una experiencia humana primitiva entre la madre y el bebé, en la que la madre le hace sentir al bebé que es amado, poderoso e inmortal. Tengo la impresión de que esta experiencia primitiva de unión con la madre, que puede transformar nuestra vida en un mundo maravilloso, participa en gran medida en el poder y la magia que proporciona la experiencia del fútbol. Seguramente la promesa de una experiencia de reunión con una madre y un padre que nos amarán y nos transformarán en mejores seres humanos, inconscientemente y simbólicamente, debe ofrecer un poderoso magnetismo para que los jugadores se afilien a un deporte, y los seguidores lo apoyen. Recordemos aquel momento mágico cuando el Newcastle United derrotó al Barcelona en el St James´s Park, o cuando el Manchester United derrotó al Juventus en el Old Trafford. Fue como si el público y los equipos estuviesen unidos en un eterno éxtasis mágico. Cualquiera que haya estado en un partido de fútbol, puede seguramente recordar qué poderoso y primitivo sentimiento es escuchar a cuarenta mil personas haciendo estruendo, coreando y cantando. Nos hace sentir como si quisiéramos unirnos y sumergirnos en ese gigante amorfo. Esto quizá se puede observar más fácilmente en el momento de marcar un gol y los jugadores y los hinchas se juntan en una poderosa experiencia mágica de éxtasis y gloria. Recordemos a jugadores como, por ejemplo, Michele Platini, que corren hacia las gradas con los brazos abiertos para ser abrazados por sus fans, o los jugadores que se arrodillan en el suelo y miran al cielo para agradecer a dios o a la eternidad por permitir que ocurra tal poderosa experiencia . Se produce una unión entre el jugador y el público en ese momento de magia y belleza, que se realiza en ese momento glorioso de éxito. Pero también hay otra cara de la moneda de esta experiencia. El momento de decepción, de desilusión, cuando la actuación de los jugadores no encaja con las expectativas y con ello viene lo opuesto a la unión con el público, la alineación, la rabia, la decepción. La frustración conlleva sentimientos de rechazo total y decepción catastrófica y el deseo de crucificar a la madre, al padre, al entrenador o jugador que defraudó. Se produce el desarrollo de una transferencia grupal entre el equipo y el entrenador y el público o, como lo describe Kevin Keegan (1997), la motivación que puede inyectar el entrenador al equipo, que puede llevar a éste a una actuación de una altura impresionante o a caídas desmoralizadoras, como las mostradas por el Newcastle United de Kegan y el Liverpool de Kenny Dalglish. No voy a hablar aquí sobre las oportunidades políticas y financieras que esto ofrece para la explotación por parte de líderes políticos y elementos patrioteros de la sociedad. Este es un tema que ha recibido mucho alcance en otros sitios, hooliganismo, fascismo, etc.

2. De héroes a villanos, un laberinto del deporte.

La necesidad narcisista de tener héroes y villanos, la necesidad narcisista de los hinchas y los jugadores de ser idealizados y queridos, la necesidad de tener un héroe para adorar y un villano para maldecir, plantea un laberinto para nuestras mentes, plantea un laberinto para el deporte. Estos son momentos de unión con la eternidad o de descenso a los infiernos. Si ese momento de magia y unión con la eternidad es arrebatado, la experiencia del héroe se transforma en villanía para evitar la pérdida de la fuente de gratificación y evitar el dolor. La dificultad en hacer el duelo por la pérdida de una campaña exitosa, crea escisiones emocionales en la gente, entre lo bueno y lo malo, que establecen predominantemente procesos de agresión y denigración. Quizá, tales procesos explican el cambio tan rápido del amor al odio que vemos a menudo en el deporte. Quizá, esta experiencia puede dar cuenta de la conducta primitiva en el área del amor y del odio, con respecto a las reacciones de los hinchas, los medios y los jugadores. Bastante a menudo vemos la transformación del amor en odio, la admiración en denigración en un breve período de tiempo. A través de la regresión y la escisión, estas experiencias fragmentadas, poderosas y peligrosas pueden ser desencadenadas y actuadas indiscriminadamente. Es en este sentido, en el que el fútbol se puede convertir en una experiencia peligrosa o, tal y como lo describe Nelson Mandela (1994) en su Autobiografía Long Walk to Freedom, puede también convertirse en una experiencia facilitadora para las personas, al convertirse en una arena donde, bajo circunstancias controladas, una gran cantidad de personas pueden expresar y arreglar sus sentimientos y pasiones. En un momento ferviente genuino de fútbol, podemos ir de lo sublime al ridículo. Los jugadores, que en un momento son abucheados en un lanzamiento, luego son victoreados como héroes.

3. Crecimiento, separación e individuación y experiencia emocional en el deporte.

El fútbol, al igual que el proceso terapéutico, puede tener un papel transicional de facilitar procesos de crecimiento personal, separación e individuación, tal y como se describe en el libro Fever Pich (Hornby, 1996). Cuando existe un hueco en nuestro desarrollo psíquico y emocional, debido al crecimiento normal o un fallo debido, por ejemplo, a un colapso en nuestra familia, la experiencia del fútbol puede llenar ese hueco, puede convertirse en una experiencia parcialmente curativa, o un facilitador del desarrollo. En este sentido la experiencia futbolística llena el hueco emocional dejado por la separación con nuestra familia, como ocurre, por ejemplo, durante la adolescencia. Al hacerlo, también puede dar la tan necesitada sensación de pertenencia que todos necesitamos para vivir adecuadamente en la sociedad. En una forma creativa, estas experiencias se transforman en un proceso transicional (Winnicott, 1985) que promueve e incrementa el desarrollo psicológico y emocional. En una forma no creativa produce lo opuesto, una adicción que daña el crecimiento emocional y psicológico. Ser miembro de un club de fútbol (Kleimberg, 2010) llega a ser parte de nuestro ciclo vital, y ese proceso actúa como un catalizador muy importante para canalizar sentimientos, impulsos, pasiones, fantasías y dolor. El fútbol, si se vive como una pasión, y compartido y aprobado por la sociedad, puede levantar la represión inconsciente y esto, permite que las partes más arcaicas de nuestras mentes afloren. Y como se ha descrito, tanto para bien como para mal. Para poder sentir pasión creativamente, hay que ser capaz de diferenciar entre realidad y fantasía. En este sentido para que el fútbol pueda afectar nuestras vidas de un forma positiva, en la manera descrita, la capacidad para simbolizar tiene que ir mano a mano con la capacidad de jugar.

Una limitación en la función psicológica de la simbolización puede producir experiencias concretas y dañinas en la práctica y seguimiento del deporte. Para concluir, espero que a través de esta breve reflexión, haya podido aclarar mi punto de vista de que lo que hace al fútbol tan atractivo para millones de personas, es su capacidad y potencial para reproducir de una forma micro-cósmica, algunas de las fuerzas dinámicas que hacen funcionar a la sociedad y a la civilización; esto es, la superación del conflicto, la cooperación grupal, el arte del control y el auto-control, la transformación de las desventajas físicas y psíquicas en una experiencia creativa en el marco de una ilusión (Kleimberg, 2002) y la capacidad de sublimar nuestros impulsos regresivos bajo estructuras controladas y facilitadoras. Por último, también las fuerzas similares que operan asimismo en cualquier proceso terapéutico psicoanalítico, es decir, la paradoja de transformar las adversidades, incapacidades, invalideces, limitaciones e impotencias del ser humano en dominio y brillantez, dentro de un marco de ilusión simbólica. Pienso en el famoso comentario de Bill Shankly, el entrenador del Liverpool hizo años atrás: el fútbol es más importante que la vida y la muerte, y he recordado lo que Kevin Keegan añadió años después en relación a este famoso comentario: Esto es así, siempre y cuando sepamos que es una metáfora. De forma similar, recuerdo la observación del Sr. Barak: “Sr. Kleimberg, reserve sus manos para su novia”. Este comentario, como el de Bill Shankly, contiene una gran sabiduría, siempre que, por supuesto, recordemos que es solamente una metáfora.

Resumen

Desde la experiencia personal futbolística y psicoanalítica, el autor reflexiona acerca de lo común de ambas prácticas como experiencias transformadoras.
Un encuentro futbolístico, al igual que un proceso psicoanalítico, es una experiencia compartida única, que tiene que ver con nuestro mundo interno, nuestras experiencias pasadas y nuestros impulsos agresivos y sexuales sublimados, presentes y pasados. Ambos encuentros, convocan a las personas a vivir y revivir una experiencia especial que solamente puede ocurrir en el momento en que es vivida.

Summary

From a personal experience as football player and psychoanalyst, the author reflects on the common of both practices as transformative experiences. A football match, as a psychoanalytic process, is a unique shared experience that has to do with our inner world, our past experiences and our aggressive and sexual impulses sublimated, past and present. Both meetings, invite people to live and relive a special experience that can only occur in the time it is lived.

BIBLIOGRAFÍA

BOLLAS, C. (1986). The transformational object. En The British School of Psychoanalysis. The Independent Tradition. Editado por G. Kohon. Free Association Books. London. ELIAS, N. (1966). Dynamic of sport groups with special reference to football. British Journal of Sociology, 17 (3), 388-402. HORNBY, N. (2005). Fever Pitch. London: Penguin Books. KEEGAN, K. (1997). My Autobiography. London: Little, Brown and Company (UK). KLEIMBERG, L. (2002). Minding the Gap, Psychoanalysis and Creativity… and ¿What about the space in between? The Bulletin of the British Psychoanalytic Society. July, Vol. 38, 6.
— (2010). Football Delirium. Psychodynamic Practice. Review of Chris Oakley,s Book. Vol. 16, 2, 247-251. MANDELA, N. (1994). Long Walk to Freedom. London: Abacus. OAKLEY, C. (2007). Football Delirium. GB: Karnac. PARSONS, M. (1990). Marion Milner´s “Answering activity” and the question of Psychoanalytic Creativity. The International Review of PsychoAnalysis. Vol. 17. Part 4. University Press. GB. WINNICOTT, D. (1985). Playing and Reality. Pelican Books. GB.

 

Conferencia organizada por el Freud Museum y University of East London, sobre Fútbol y Psicoanálisis, impartida en Stamford Bridge, Chealsea Football Club. (1998).

Trabajo traducido del inglés por María Eugenia Cid.

Sobre el autor: León Kleimberg es psicoanalista. Miembro titular y didácta de la British Psychoanalytic Society. 9, Dunstan road. London NW11 8AG. kleimbergdan@aol.com

Este artículo también se puede encontrar en la Revista de Psicoterapia Psicoanalítica de la AMPP (2012), 12, 9-20