La entrevista que compartimos ha sido realizada por Psyquia a Iluminada Sánchez García: vicepresidenta, directora académica y docente de la Asociación
Escuela de Clínica Psicoanalítica con Niños y Adolescentes
(AECPNA).

  • Iluminada, muchas gracias por concedernos la entrevista. Para nosotras es un honor que podamos conversar contigo, también porque esta escuela forma parte de nuestra formación.

 

Iluminada: Muchas gracias a vosotras, muchas gracias a PSYQUIA.

 

  • En el libro “El Quehacer con los Padres”, del que eres coautora, planteáis, entre otras cosas, que el trabajo terapéutico con niños, implica una doble escucha, en la que se incluye a los padres, ¿en qué consiste esta doble escucha?

 

Iluminada: Cuando hablamos de la doble escucha, nos referimos a la situación que se genera cuando tenemos que atender a un niño. Un niño no viene solo a la consulta, sino que viene a través de una demanda que formulan los padres y en ese sentido, sentimos y nos vemos abocados a la ineludible tarea de escuchar, de entrada, qué demanda traen. Luego tenemos que seguir escuchándolos a lo largo de los encuentros previos o diagnósticos para poder ubicar cómo sitúan al niño, qué lugar ocupa el niño, de qué manera el síntoma está sostenido desde lo que ellos presentan o desde el lugar que le dan. Los padres son los personajes que pueblan… donde se afinca toda la construcción de la subjetividad del niño que nos llega. Consideramos entonces, como una parte importante de nuestra tarea, poder escucharlos, por eso hablamos de una doble escucha. No porque vayamos a tratarles, ni a considerarles uno más del tratamiento, si no como parte ineludible de la vida del niño que tenemos que escuchar, que tenemos que atender, que tenemos que tener en cuenta para poder llevar a cabo el proceso terapéutico propiamente dicho, con el niño.

 

  • ¿Puede no coincidir lo que demandan los padres con lo que trae el niño como sufrimiento psíquico?

Iluminada: El niño trae un sufrimiento, aunque muchas veces los padres, no vean en la sintomatología que cuentan, este sufrimiento. Los padres traen su propio sufrimiento y preocupación por la sintomatología del niño. Otras veces, los padres perciben el mismo sufrimiento que expresa el niño, pero no siempre es así. En cualquier caso, una cosa es lo que aportan los padres, desde su lado, como demanda que tenemos que analizar, que tenemos que entender y otra cosa es el niño. El niño está atravesando un momento evolutivo concreto, no es lo mismo un niño pequeñito, que un niño de 4 o 5 años, que un niño de 7 u 8 años, que un niño de 12 años, etc. El niño está atravesando por períodos del desarrollo y en cada uno de ellos, se juegan conflictivas relativas al mismo y dentro de lo que esté atravesando el niño, aparece un síntoma, que también puede ser un viejo síntoma que se reformula. Entonces, el niño tiene que ser atendido en su sufrimiento y lo que se juega en ese sufrimiento tiene vinculaciones, obviamente, con lo vivido con los padres. Nos vamos a dirigir al sujeto, al deseo del niño y eso es lo que vamos a atender.

 

  • ¿Se mantiene una continuidad de los encuentros con los padres durante el tratamiento del niño?

Iluminada: Si. Nosotros desde hace muchísimos años llevamos trabajando sobre cómo abordar la situación del niño, incluyendo a los padres. A través de la historia del Psicoanálisis Infantil, ha habido muchos enfoques, muchas maneras de abordar esto, unas veces excluyendo a los padres, unas veces incluyéndolos de una manera o incluyéndolos de otra. Casi todo el mundo consensua que es necesario un trabajo con los padres, pero ¿qué trabajo y qué lugar darles? Esto fue lo que, durante años estuvimos reformulando y que concretamos en el libro “El Quehacer con los Padres”, con un método. El lugar que se le da a los padres, la forma de abordarlos, lo hacemos desde una secuencia lógica. Son los padres los que traen al niño, entonces escuchamos a los padres y escuchamos al niño, hacemos un trabajo de devolución con los padres y con el niño. Nos adentramos en el proceso terapéutico con el niño, tras en el encuadre y, a lo largo de ese proceso, cada cierto tiempo, hacemos encuentros con los padres, para continuar con lo que ya fuimos estableciendo como base de lo que fuimos escuchando en esos encuentros previos y de todo lo que vamos a ir escuchando después. Creamos con los padres una alianza de trabajo para la ayuda del niño, pero ellos también necesitan ser atendidos, para poder entender y asumir esos cambios, porque ellos vienen con un pedido inicial y luego, se van a encontrar con que, seguramente ese pedido sea inalcanzable y hay que reformularlo.

 

  • ¿Puede resultar amenazante la figura del terapeuta para los padres?

Iluminada: Cuando los padres llegan a la consulta, han tenido que atravesar un duro trecho, han tenido que vencer resistencias. En general, para un padre, para una madre, es difícil llevar un niño al psicólogo o al psicoanalista, porque lo viven como que son ellos, los padres, quienes tendrían que poder resolver las dificultades de su hijo. Si es un problema médico no lo ven así, pero si es un problema de conducta, por ejemplo, se sienten muy mal, sienten que algo habrán hecho que no debían o que no hicieron bien. Los especialistas sabemos que esto no es así, pero los padres llegan sintiendo que pueden ser juzgados, sintiendo que han fallado, heridos en su imagen de padres y con un temor de ser vistos como malos padres. Entonces, hay que sumar a nuestra escucha, la tarea de dar contención. Ciertamente, la propia escucha ya es una contención, porque en la escucha vamos a dar un espacio a esas preocupaciones, a esos enfados, a esas culpas, a esas angustias y, a partir de ahí, poner a trabajar todo eso para entender la situación del niño y la situación de ellos, como padres que consultan.

 

  • Hablabas de las expectativas de cambio que tienen unos padres cuando se inicia un tratamiento. Entiendo que, a veces es difícil para unos padres, poder pensar que, quizá el hijo que tienen no es el hijo que les hubiese gustado, por así decirlo y entonces hay que empezar a mirar lo que el niño quiere y puede hacer, ¿cómo se maneja esta caída del “hijo ideal” en un proceso terapéutico?

 

Iluminada: Se maneja como algo más del proceso terapéutico. Todos defraudamos, de entrada, a nuestros padres por mucho que nos quieran. Porque una cosa es el hijo soñado, el hijo ideal y luego el hijo real, el hijo que van a ir descubriendo, que vamos a ir descubriendo. En todo niño tenemos mucho que descubrir, el niño se nutre inicialmente de lo nuestro, pero los niños no son plastilina, ni mucho menos. El deseo de los padres, en general, es que su niño sea muy especial, que todo le vaya bien, que sea correcto, que siga sus deseos narcisísticos, etc. La primera motivación de los padres cuando buscan ayuda es algo como: “…vamos a ir a un sitio donde nos digan qué hacer para que nuestro niño vuelva a los cauces que quisiéramos que tuviera…” y, lo que descubren los padres es que no existen esas pautas que nos piden (sobre las pautas habría mucho que decir, porque es un tema muy interesante). Pero lo que si se puede hacer es ir abriendo un espacio de querer saber sobre el niño.

 

  • ¿Qué opinas de las pautas que piden los padres?

 

Iluminada: Es como si los padres dijeran: “vengo a que me diga cómo hacer para que el niño sea como nosotros deseamos que sea: que sea agradable, que sea estudioso, que se comporte, que el niño responda a lo mejor, a todo eso que deseamos de maravilloso para él” Entonces por parte de los padres, está el deseo de poder ellos, no a través de otro, sino ellos poder llevar a cabo eso que desean para su hijo. Estos son deseos naturales y lícitos, por supuesto, pero también son imposibles. Entonces, con respecto a las pautas, lo importante es ir conduciéndoles al campo del querer saber sobre su hijo. No tenemos ni un patrón, ni una manera ideal de cómo hacer las cosas, hay tantos padres como personas, no existe un patrón de cómo ser padre perfecto, no hay una pauta que domine algo concreto, porque no se trata del campo de la voluntad, de hacer lo que se considera razonable, sino que se trata del campo del deseo, el cual está en otro espacio psíquico. Cuando llegan los padres, ya han probado muchos métodos, muchos sistemas, han leído mucho, han visto cosas en internet, les han dado consejos y, si fuera por esto, no habría ningún niño con problemas, ni ninguna persona con dificultades, ni ningún tipo de patología, porque todo estaría en el campo del bien hacer razonadamente y no es el caso. Comprobamos que, si alguna vez damos una indicación, no la llevan a cabo, ¿por qué?, porque ya hacen con el niño todo lo mejor que pueden y saben. Lo que si se puede es empezar a comprender cuáles son sus propias motivaciones como padres, cómo se están relacionando con el niño y entonces, poder discriminar qué es del niño y qué es de los padres, podría ayudarles a entender. En el momento que van entendiendo esto, automáticamente, su forma de hacer y de estar, irá en consonancia con lo que la situación requiere.

 

  • El niño sabe que su terapeuta se reúne con sus padres, habla de él obviamente, de su evolución o de lo que tenga que hablar, ¿ejerce alguna influencia el vínculo que tiene el terapeuta con los padres, en el vínculo terapéutico que tiene con el niño?, ¿incide esto en el tratamiento?

 

Iluminada: Es muy buena esta pregunta porque forma parte de cómo establecer los espacios y de cómo encuadrar los encuentros. El niño siempre sabe cuando los padres van a ir a hablar con el terapeuta y entonces, se procura que estos encuentros no ocurran de una manera asidua, ni muchísimo menos. El espacio de trabajo con los padres y el espacio de trabajo con el niño, se han creado para el niño y, obviamente cuando los padres van a hablar con el o la terapeuta, lo primero que el niño relaciona es el encuentro de los padres con el director o la profesora de la escuela que quizá habrá hecho la recomendación de ir al psicólogo. Entonces, es como si el niño pensara: “me van a estar juzgando” y esto se trabaja, esto se sabe y se aborda con el niño. Luego el niño va a ir viendo que es como un equipo de trabajo orientado a él, que los padres tienen algunas dificultades que hablar con el terapeuta, que no es él el que tiene el problema, que a lo mejor el niño vive ir a terapia como si fuese un castigo y todo eso hay que pasarlo por la palabra y hay que crear unos espacios muy claros. Nuestro afán terapéutico es que haya una discriminación precisamente entre el espacio psíquico y personal de los padres y el del niño. Se trata de que los efectos que esto pueda tener, sean de rentabilidad terapéutica para el niño.

 

  • Se habla mucho de la función materna y de la función paterna, ¿podrías explicarnos un poco más al respecto?

 

Iluminada: Son dos funciones necesarias en la trayectoria de la construcción de la subjetividad. La función materna, la llamamos así, pero no porque tenga que llevarla a cabo la madre. Imaginemos, por ejemplo, una mamá que fallece en el parto, el hijo puede recibir una función materna que lleve a cabo otra persona. Igual ocurre con la función paterna, los padres pueden hacer esas funciones o las pueden hacer otras personas, lo importante es que ambas funciones estén. La función materna tiene que ver con todo lo que el niño necesita en cuanto a sentirse bien recibido, querido, alimentado psíquicamente, sentirse que es perteneciente y pertinente, no sólo sentir que es atendido y alimentado físicamente, sino alimentado emocionalmente. Tras el cordón umbilical que hay que cortar para que el niño pueda seguir viviendo cuando nace, ha de establecerse o de continuarse, un nuevo cordón psíquico y emocional con el niño, donde él va a sentir que pertenece, que su existencia es bien recibida, que tiene sentido, que es querido y que es deseado y eso lo va a recibir por las palabras, por el tono de las palabras, por el tacto, a través de los cuidados. Esta es la función materna arropando, dando contención y también dando estímulo. La función paterna es la que tiene que ver con hacer de ley, la que ayuda a hacer el corte de este nuevo cordón para que el niño pueda seguir adelante en su crecimiento y pueda clarificarse estableciendo y discriminando cuál es su lugar y cuáles son sus lugares con los demás. La función paterna, sería como imaginar cuando el niño pasa de los brazos de la madre, a que el padre le ponga en pie en el suelo para que camine, lo diría como metáfora.

 

  • La culpa de los padres es algo que suele estar presente en el tratamiento, en frases como: “…pude haber hecho esto…”, “…no debí hacer aquello…”, ¿cómo se maneja esto?

 

Iluminada: Este es un aspecto también muy importante porque siempre está presente la culpa. Está presente porque cuando tenemos un bebé en brazos, nos sentimos omnipotentes, él está tan carente y, de una forma tan sencilla, podemos darle todo lo que necesita y, a partir de ahí, queremos lograr tantas cosas con él y empezamos a hacer de todo para que todo salga lo mejor posible y ahí aparece la omnipotencia, el narcisismo expresado, por ejemplo, en frases como: “…tu vas a ser y vas a tener lo mejor…”, entonces cuando el niño necesita terapia, esto se quiebra y aparece la culpa, la culpa vinculada a esa omnipotencia porque: “si yo lo puedo todo y, ahora, no lo he podido, entonces soy culpable”. Es una culpa que hay que poner a trabajar, no sólo calmar, hay que dar contención, pero también poder poner a trabajar para que puedan resituarse, frente a que el niño es otro sujeto y no va a poder ser que todo dependa de los padres. Hay ahí un trayecto que hacer con ellos.

 

  • Pensaba que, quizá esta omnipotencia, al principio de la vida de un ser humano, es necesaria

 

Iluminada: Si. El niño necesita sentir que hay figuras que responden con firmeza ante sus necesidades…

 

  • …que le sostienen…

Iluminada: Exacto. De la misma manera que es muy importante ese afán narcisístico de que ese niño sea lo mejor y de que ese niño es lo más bonito del mundo.

 

  • A lo mejor, esta culpa también la puede sentir el niño al construir lo que él quiere y no responder tanto a lo que él siente que esperan de él. Imagino que en este punto, hay también un trabajo que hacer con el niño.

 

Iluminada: Claro, porque cuando venimos a este mundo, venimos desnudos de todo, aunque traemos nuestro equipaje interno, un potencial a desplegar para poder llegar a funcionar como un humano. Inicialmente necesitamos nutrirnos, vestirnos y revestirnos con lo de nuestros padres y nos movemos en la búsqueda de:“¿qué es lo que mis padres desean?”, “mi vida depende de que me sigan queriendo” (que es lo que buscamos a lo largo de nuestra vida, que nos sigan queriendo) y luego, como podemos, vamos aprendiendo a que no siempre vamos a satisfacer lo que el otro quiere y afrontamos las cosas de otra manera. Pero ¿por qué un niño va al colegio?, ¿por qué un niño hace tal o cual cosa?, todo está emanando de estos seres poderosos que, inicialmente, son los padres y el niño siempre se está viendo en los ojos de los padres y cuando esa mirada no es de aceptación de una manera continuada o percibe una preocupación o siente que falla, el niño también, obviamente, se siente culpable. El niño también ha venido a este mundo cargado de omnipotencia.

 

  • ¿Desde cuándo consideras que un niño puede recibir un tratamiento psicoterapéutico?

 

Iluminada: Siempre hay que ver caso por caso. A veces, la intervención tendría que ser muy temprana, aunque no suelen llegar esos casos, rara vez se consulta. En estos casos, generalmente, suele ser el pediatra que detecta elementos a atender: el niño no come, el niño no duerme y en esos casos, si que es fundamental el trabajo con los padres, no tanto con el niño. En este trabajo, cuando los padres pueden empezar a ver la situación de otra manera, hay un efecto terapéutico claro y el niño es muy sensible a eso y entonces ese sufrimiento que había, eso que estaba desencajado, se reencauza. Depende de la sintomatología que haya, de como está el sufrimiento del niño, siempre hay que valorarlo. Yo diría que a partir de los 4 o 5 años, si no se ve que la problemática pueda ser encauzada desde el trabajo con los padres, hay que trabajar directamente con el niño.

 

  • En tu opinión, ¿qué consideras fundamental tener en cuenta cuando se reciben a unos padres que piden ayuda?

 

Iluminada: Creo que lo fundamental es tener muy claro que ahí hay unas personas que sufren por su hijo y que necesitan ser escuchados en eso que les pasa, en esas dudas, en esas preguntas, en esos temores, en lo que sea que traigan con su demanda, para que se pueda formar un ámbito, un espacio donde ellos sientan que pueden hablar de lo que les preocupa, en un ámbito seguro, donde no hay juicios de valor, donde hay respeto y se está queriendo saber, no juzgar, se está queriendo conocer, entender y, a la vez, encaminarles, a que ellos también quieran conocer y saber. Eso es fundamental para adentrarnos en el trabajo con el niño, por su puesto. Hablar de esto, me hace pensar en lo que quizá, muchos colegas estén diciendo: “¿y qué se hace con la transferencia?”, “se va a trabajar con los padres, pero dices que no, que el trabajo es para el niño”, ¡si! el trabajo es para el niño y lo transferencial va a estar, porque la transferencia está siempre, se vaya al terapeuta o se vaya al profesor o se vaya el médico. Entonces, vamos a escuchar, porque dentro de la doble escucha, hay muchas otras escuchas, la escucha de la transferencia, la de la contratransferencia por su puesto y luego, aludir trabajar sobre ello, dentro de lo que tiene que ver con la tarea en el trabajo con el niño.

 

Iluminada: Hay algo que no he mencionado y es la construcción de enlaces, que es algo fundamental, aparte de todo lo que hemos comentado, donde se van a situar nuestras intervenciones. La construcción de enlaces consiste en ayudar, desde nuestra escucha, a los padres a escucharse a ellos mismos y a que puedan enlazar qué se pone en juego de ellos y de su historia personal como hijos, en la relación con su propio hijo. Esto es una de las herramientas de intervención fundamentales en el trabajo con los padres, porque les posibilita discriminar qué es lo que proyectan, desplazan, reflejan en la relación con este hijo y puedan decir: “¡ah!, esto es lo mío, lo deseado por mi, es lo que viví, para bien o para mal, con mis propios padres. Estos eran lemas o mitos familiares que estoy transmitiendo, que estoy poniendo en marcha en la relación con mi hijo”

 

  • Muchas gracias Iluminada, ha sido un placer.

Iluminada: Un placer para mi también y muy agradecidos en AECPNA a PSYQUIA.


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Trabajo Psicoterapia con Padres · AECPNA
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Aprende a trabajar con los padres en la clínica con niños y adolescentes, de ello depende el tratamiento de los hijos. Aprende el método propio de AECPNA.
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Asociación Escuela de Clínica Psicoanalítica con Niños y Adolescentes
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