Hace pocos días apareció la noticia, en distintos medios, que en algunas escuelas se estaban revisando los cuentos tradicionales infantiles ya que, según afirman, muchos de esos cuentos, promueven valores sexistas y discriminatorios. Y por ese motivo se han retirado de sus bibliotecas.

Desde AECPNA nos vemos invitados a hacer una reflexión al respecto.

Somos una Asociación que se dedica a la enseñanza y a la investigación centrada en la psicoterapia con niños, adolescentes y padres y que defiende y promueve valores como el respeto a las diferencias, la diversidad y el pluralismo de ideas.

Partiendo de que siempre es muy valioso el cuestionamiento y los interrogantes en cualquier ámbito de la vida, para así adecuar y promover los cambios necesarios, también queremos plantear nuestra reflexión en relación, en esta ocasión, al valor que cumplen los cuentos infantiles tradicionales en la mente infantil.

Al cuento Infantil se lo conoce como “el género en el que todo es posible” y siempre se les ha otorgado una suerte de “poder”: poder para expresar, poder para nombrar, poder para comprender, poder para elaborar, poder para imaginar, poder para fantasear…

Los cuentos infantiles logran efectos invaluables en la vida psíquica infantil por vías que estimulan la imaginación, la inteligencia y la reflexión. Son parte de la literatura universal y por ende, forman parte de nuestra cultura.

Además de generar placer, los cuentos infantiles tradicionales brindan recursos para hacer frente a interrogantes y conflictos universales e inevitables que tanto niños como niñas enfrentan desde su más temprana existencia. La vida comprende amor y odio, vida y muerte, perturbación y paz. Es ante esa realidad, a veces cruel o injusta, pero también amable y esperanzadora , donde los cuentos se ofrecen como un recurso privilegiado que ayuda a tramitar esos problemas existenciales, encarnados en vivencias con distintos personajes que luchan y se enfrentan y que terminan venciendo con el uso de recursos éticamente aceptables.

En los distintos personajes de los cuentos logran simbolizarse experiencias existenciales de l@s niñ@s como el abandono, la rivalidad fraterna, los sentimientos ambivalentes hacia los padres, la pubertad o el temor a la sexualidad, experiencias de difícil abordaje para la mente infantil y que, gracias a la magia y a la fantasía de los cuentos, encuentran un escenario propicio para abordarlas. Los cuentos infantiles permiten encontrar vías de tramitación a esas emociones y sentimientos que habitan y pueblan la mente infantil, cuando alrededor de ellas se ha anudado un conflicto (asunto que no sucede con muchos cuentos infantiles modernos, que por lo contrario, tratan de negar y evitar el tratamiento de esos conflictos).

Los cuentos infantiles, entonces, tienen un impacto orientado al crecimiento interno de los niños cautivando su interés desde el placer estético, el uso de la fantasía y el llamamiento a la imaginación.
El impacto de los cuentos de hadas, según Bettelheim, es su poder para llegar al inconsciente del niño, permitiendo tramitar conflictos al tratar temáticas universales tales como: la separación, el fracaso, la sexualidad, la rivalidad, la muerte, el amor, el odio, el miedo o la culpa.

Los cuentos invitan a enfrentar la realidad dolorosa en lugar de evadirla ofreciendo personajes que muestran el camino para lograrlo. Los cuentos en los que se cumplen sueños de justicia, de conquista del amor y de derrota de los enemigos brindan a l@s niñ@s sentimientos de tranquilidad, seguridad y esperanza de que también ell@s los podrán alcanzar ante los avatares de su propia existencia.

Todo lo que sucede en el cuento transporta a los niños a un mundo “como si” donde la magia es posible y donde también es posible luchar y afrontar miedos, angustias y deseos desde un lugar seguro.
Son cuentos que, como el juego, aportan un medio que favorece y propicia la elaboración de sentimientos penosos. Los cuentos no asustan, lo que da miedo y angustia son los conflictos ante los cuales el niño se ve abocado desde su constitución y crecimiento en el encuentro con la vida.

Creemos que catalogar a los cuentos de sexistas o discriminatorios supone soslayar la esencia misma de la mente infantil. Una mente habitada por hadas y brujas, lobos feroces y leñadores salvadores, donde héroes, príncipes, princesas, monstruos y duendes luchan y se enfrentan en el escenario de la vida misma.

Ciertamente, mucho debemos transitar todavía para lograr que cada día vivamos en una sociedad más justa e igualitaria pero no creemos que censurar algunos cuentos infantiles sea la vía para lograrlo.

Los niños necesitan adultos pensantes, que aporten criterios para aprender a vivir. Hacer un juicio reduccionista y superficial de los cuentos tradicionales no aporta a los niños más que un enfoque radical que adultera la esencia de lo que en verdad transmiten y que posibilitan que el niño metabolice, comprenda y elabore.

No olvidemos que de la mano de un cuento infantil hay un adulto que lee. Un adulto con el cual siempre es posible el diálogo. Un adulto que también tiene la tarea de escribir nuevos cuentos con nuevas temáticas.

Estamos convencidos de que nuestra tarea lejos de ser la de censores es la de proporcionar nuevas historias y nuevos cuentos que propongan distintos modelos de héroes y heroínas. Cuentos que aún conservando todos los beneficios que aportan los cuentos tradicionales propongan escenarios contemporáneos donde la imaginación de l@s niñ@s pueda desarrollarse. Historias concebidas en sociedades modernas, con protagonistas libres e iguales. En nuestra opinión el progreso no se obtiene “quemando textos” sino creando y proporcionando nuevos contenidos y con ello nuevas opciones. Estamos convencidos, en definitiva, que de lo que se trata es de sumar y no de restar.