CONFERENCIA: “INTRODUCCIÓN A LA PSICOTERAPIA PSICOANALÍTICA. DE LA TEORÍA A LA PRÁCTICA” *

CONFERENCIA: “INTRODUCCIÓN A LA PSICOTERAPIA PSICOANALÍTICA. DE LA TEORÍA A LA PRÁCTICA” *

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Introducción a la clínica psicoanalítica

No es mi propósito despertar convencimientos;
quiero dar incitaciones y desarraigar prejuicios.
Sigmund Freud. 1916

INTRODUCCIÓN

Agradezco a AECPNA,  por invitarme a presentar este taller.**

Me gustaría contarles de donde parto para plantear esta actividad. Hace unos años que vengo impartiendo en el Colegio de Psicología de Andalucía Occidental un Taller de Supervisión de Psicoterapia Psicoanalítica con colegas que provienen de diferentes orientaciones. Los participantes se acercan al Psicoanálisis, buscando herramientas para sus prácticas clínicas, a veces con un deseo de enriquecimiento, de sumar a sus propios esquemas conceptuales nuevas ideas,  y en otras ocasiones con interrogantes en las prácticas que desde las teorías que manejan no se pueden responder. Cuando  pregunto en la presentación inicial, ¿Cuál es la idea que tienen del Psicoanálisis? las respuestas habituales suelen ser: Que lo ven  muy difícil,  que  en la carrera no se lo menciona o que solo es para criticarlo, -a veces tanta crítica provoca  deseo- o que lo desearon estudiar porque les daba curiosidad, así como también alguien manifiesta que está haciendo una psicoterapia psicoanalítica y le está resultando muy enriquecedora. Una vez una respuesta de una participante me dejó impactada, dijo: Es bello, pero  no sé si aludiendo a la poesía que encontraba en sus escritos o a la teoría misma.

Cuando en los talleres se expone el material clínico de los pacientes, hago una invitación a trabajar con las diferencias teóricas, ya que suelo escuchar: ¡Ah pero esto es igual a mi teoría, pensamos lo mismo pero lo decimos de diferente manera! Es desde las diferencias que generamos pensamiento.

Entiendo que acercarse a una teoría nueva o a un saber diferente implica traer preconceptos y porque no, prejuicios, y como lo expresa  Gastón Bachelard “Se conoce siempre en contra de un conocimiento anterior, destruyendo conocimientos mal adquiridos, o superando aquello que, en el espíritu mismo obstaculiza a la espiritualización….”.[1]  Y en este sentido el creador del psicoanálisis nos ha enseñado mucho. En una conferencia acerca de la “Clínica actual” (2016) le escuché decir a Luis Hornstein que acercarse a la obra de Freud no es solamente para ver lo que dice, sino también como fue construyendo su conocimiento,  es decir CÓMO PIENSA FREUD y de que manera él fue confirmando hipótesis y dejando de lado otras líneas, algunas incluso de forma contradictoria y otras abiertas. Si tomamos por ejemplo  el texto de Estudios sobre la histeria (1893-95)[2], en su introducción Strachey nos dice que en éste se presenta la “historia de los obstáculos”,  que lo llevó a Freud, a través de su trabajo con las pacientes histéricas, a pasar de la hipnosis al método de la asociación libre.

Para finalizar esta introducción quisiera hacer una  aclaración y es que diversos autores del psicoanálisis contemporáneo, hablan de Babel Psicoanalítica,  para designar lo que ocurre actualmente en esta disciplina. Hay entonces  una  diversidad enorme, diferentes escuelas, aportes de distintos autores,  que llevan a  una pluralidad epistemológica por lo cual los conceptos freudianos, son conceptualizados de modo distinto (Inconsciente, pulsión, transferencia, sexualidad…). Esto en lo relativo a la intradisciplina,  ya que además desde sus orígenes el Psicoanálisis revolucionó el pensamiento del Siglo XX. Muchos de sus conceptos e ideas han sido muy subversivos y se fueron incorporando a nuestra vida cotidiana, insertándose en el lenguaje habitual. Ya forman parte de la cultura, deslizándose a nuevos significados, como el inconsciente, la sexualidad, la sexualidad en los niños, el sentido de los sueños, actos fallidos, lapsus…Es así como el psicoanálisis se convirtió en discurso social. Discurso  que atraviesa a las personas, a aquellos que consultan, y a las diversas prácticas.

Al hilo de todo  esto, hace un tiempo un paciente hizo una consulta porque estaba atravesando una crisis vital, un conflicto como padre de hijos adolescentes. Pedro era muy reacio a acudir a visitar a un psicólogo de forma individual, habiendo tenido experiencias desde joven en terapia familiar. Sintiéndose muy angustiado y  ante la insistencia de una hermana  que estimaba mucho accedió a solicitar una cita. En una sesión hubo un comentario al pasar  que me hizo pensar. Me dijo: Ud. no habla  de la infancia.  ¿A qué se refiere? Le pregunté. Muchos de sus colegas te preguntan por la niñez. Conociendo a Pedro, sabía que sintetizaba algo de los lugares comunes que se asocian al psicoanálisis, (pero no solo) aquello que el lenguaje común popularizo. Pedro no sabía y no tenía porqué  saber, que en realidad “hablar de la infancia” no es simplemente “hábleme de la infancia”, es decir, hacer un relato de las vivencias infantiles, y que el trabajo en sesión no consiste en establecer sistemáticamente una correlación de los sucesos actuales con los de la niñez, sino que la infancia está siempre presente,- y  aunque la urgencia que lo convocaba puso la mirada sobre  su conflicto actual, sus primeras experiencias siempre han estado de fondo. ¿Qué imagen tenía de sí mismo? ¿Por qué entró en crisis cuando su hijo mayor comenzó a cuestionarlo como padre? ¿Por qué su esposa le activaba las mismas fantasías que su hermana menor? ¿Qué experiencias, fantasías, deseos, estarían inscritas en su mente? ¿Qué significado tenía la  relación que estableció conmigo, que durante mucho tiempo no me miraba y observaba los libros de la biblioteca para comentarme acerca de ellos?

Me interesa hoy aquí, contextuar algunos términos, saliéndome del discurso social, y diferenciándolos de otras corrientes en psicoterapia, ¿Qué entendemos por ellos? y cómo se piensan en la clínica. Escogí solamente algunos de ellos  por el tiempo corto que tenemos.

LO INFANTIL

Volvamos entonces  a  Pedro, y a su observación. En psicoanálisis distinguimos infancia de “Lo infantil”. El primer término remite a un concepto evolutivo, a una etapa diferenciada, y lógicamente influida por la época. En cambio Lo infantil, contiene en sí mismo los dos conceptos fundantes del Psicoanálisis: El inconsciente y la sexualidad. No lo circunscribimos a una etapa de la vida sino que atraviesa todo el desarrollo del sujeto. ¿Y cómo se constituye? Es a partir del desamparo inicial al que está sometido el cachorro humano, y  de la necesariedad de tener que ser  cuidado por otro (que está atravesado por su propia historia pulsional) y de este encuentro, se irán inscribiendo experiencias y constituyendo un aparato mental. Silvia Bleichmar nos dice “que es una relación asimétrica ineludiblemente y necesaria, pero que no implica autoritarismo sino responsabilidad”[3]. Relación que se reeditará en el encuentro psicoterapéutico, a través de la transferencia.  Al hilo de esto, la semana pasada hubo un simposio donde se debatió el concepto de Lo infantil y allí Rafael Paz comentó “que la sexualidad es un concepto relacional”[4]. Una sugerente afirmación.

Y si bien Lo infantil se presenta desde el origen, atravesando y estructurando diversas etapas de la mente, no todo queda jugado en la infancia. Mucho se ha avanzado desde las concepciones científicas de la época freudiana, pasando de la idea de simplicidad al abordaje de lo complejo, de sistemas cerrados a abiertos y donde el azar tiene un papel importante.

LA CAUSALIDAD

Para Freud el sujeto está multideterminado -hay en esto una concepción de ser humano- y aunque suene paradójico, esto contiene una idea de libertad. Conocer las motivaciones inconscientes a la que estamos sujetos nos  permite elegir de forma diferente. El modelo freudiano de causalidad, al que el creador del psicoanálisis denominó “series complementarias” (Freud 1916/17), está compuesto por varios elementos que se combinan entre sí. En el simposio que les he mencionado anteriormente Florence Guignard  habló de “causalidad corta”[5] justamente como la antítesis de la propuesta freudiana. Las afirmaciones tan comunes como que “este niño se hace pipi porque está celoso”, o “Desde que los papás se separaron, pega  porque quiere llamar la atención”, expresan esta idea, donde una conducta es explicada por su desencadenante.

Sin embargo partiendo de este modelo, cuando un paciente acude a la consulta siempre nos preguntamos ¿Por qué ahora? ¿Qué precipitó la consulta? ¿Qué puso en marcha una serie de representaciones reprimidas para que ese hecho ocurrido en la infancia, cómo el abuso de un padre, se volviera traumático? ¿Si esto había ocurrido treinta años antes, porque justamente en un concierto de música se desencadena un cuadro de angustia? Por qué ese Bolero “si tú me dices ven” siempre fue tarareado, sin conflicto, hasta aquél concierto del que tuvo que salir con un cuadro de angustia? O ¿Qué se desencadenó en esa pelea tan recurrente entre José y Lucía para que se acuda a un profesional? ¿Por qué este acontecimiento tan excepcional, cómo es la pandemia no produce necesariamente en todos una respuesta del orden de lo traumático?

LA PALABRA

Cuando los pacientes acuden a la consulta, se preguntan de qué manera se trabajará. ¿Cómo se puede cambiar hablando? ¿Habrá tarea? ¿Tengo que hacer ejercicios? Se les plantea que el trabajo lo desarrollaremos durante la sesión. Pero mirado desde fuera, entiendo que se hace difícil imaginar de qué manera a través de un diálogo se podrá cambiar, dejar de sufrir… ¿No hablamos con un amigo?¿ No nos dan consejos? ¿No leemos libros de autoayuda? La mayoría de las corrientes de psicoterapia trabajan con la palabra, pero ¿cuál es la especificidad en psicoanálisis? En todo caso ¿de que palabra hablamos? Lleva tiempo que el paciente vaya comprendiendo de qué se trata y que se vaya apropiando  de su decir, y del sentido que subyace, o mejor dicho del sentido que se produce en tanto se escucha  en una relación, emergiendo así un nuevo significado. Hay diferencias dentro del psicoanálisis en este encuentro, tanto de estilos como de teorías. (Más o menos intervenciones, más o menos  silencios, más interpretación o no de la transferencia…). Pero diría, que este diálogo tan especial, -ya que no se trata de cualquier diálogo-,  permite que el paciente pueda ampliar la conciencia, ser consciente de su funcionamiento mental, resolver los conflictos y poder escucharse a través de un vínculo con otro. Sobre todo que permita cambios que le den mayor libertad.

Voy a referirme a LA PALABRA de diversas maneras como aparecen en Freud.

Los ensalmos

Muy tempranamente en su obra Freud habla de un método terapéutico que utiliza las palabras. Los síntomas histéricos serán reemplazados por ellas. Ya en 1890, alude al poder mágico de las palabras.

En una cita en las Conferencias de Introducción al Psicoanálisis  nos dice:

“Las palabras fueron originalmente ensalmos, y la palabra conserva todavía hoy mucho de su antiguo poder ensalmador. Mediante palabras puede un hombre hacer dichoso a otro o empujarlo a la desesperación, mediante palabras el maestro transmite su saber a los discípulos, mediante palabras el orador arrebata a la asamblea y determina sus juicios y sus resoluciones. Palabras despiertan sentimientos y son el medio universal con que los hombres se influyen unos a otros.”[6]

Lucas

Lucas es un joven de 17 años que es traído a la consulta después de un ataque de angustia, producto del diálogo a través de Instagram con una adolescente -que no conoce personalmente-, después que ella lo bloquea y decide no continuar.

En una de las sesiones, en la que manifiesta no tener nada para hablar, hacia el final, después de unas “confesiones” de fantasías que tenía antes de acostarse, me dice: Yo te cuento esto pero no voy a cambiar por contarlo, por ejemplo mi mamá está mala y tú no puedes hacer nada.  A lo que señalo: Que es cierto que yo no puedo hacer nada para que su mamá mejore, pero que con esto él me muestra el deseo que yo pudiera ser una maga. Lucas responde: Es cierto cuando tengo un problema voy a la iglesia y le rezo a San Basilio.

¿No son las palabras para este paciente ensalmos? Me pregunto ¿Cómo convertir sus palabras en objeto de pensamiento?

Hablar en la oscuridad

De otro orden  es una cita de Freud muy conocida, en donde alude al valor de la palabra: “Una vez oí, desde la habitación vecina, exclamar a un niño que se angustiaba en la oscuridad: ”Tía, háblame tengo miedo” “Pero ¿de que te sirve, si no puedes verme? Y respondió  el niño” Hay más luz cuando alguien habla”.[7]

Además de ser una cita muy poética y que remite a la palabra que ilumina, aclara y acompaña, nos muestra como a través de ella podemos pensar el lugar de la transferencia, así como el papel del terapeuta en muchos momentos del proceso terapéutico.

Ricardo

Ricardo es un joven que acude a la consulta, diagnosticado de TDAH, con expulsiones reiteradas en el colegio. Durante largos meses, se sentaba y no hablaba, en ocasiones comenzaba un juego pero rápidamente se enfadaba y se callaba o se iba de la sesión. Los silencios se llenaban de mis palabras, intentando acompañarlo en la rabia que me transmitía. Era consciente que más allá del contenido de mis interpretaciones, eran las palabras un puente para construir la relación.

LA INTERPRETACION DE LOS SUEÑOS

Este texto de 1900 es la máxima expresión del papel del lenguaje en la estructuración psíquica. Las palabras se desligan de su significado compartido por una significación única y singular.

¿De qué palabra hablamos? Porque curiosamente su principal función no es la de comunicar, sino como dice José Luis del Valls  “la palabra es importante en el desarrollo del pensamiento freudiano no tanto como forma de comunicación con el otro, sino más como una forma que encuentra el aparato psíquico para que la actividad intrapsíquica pueda ser percibida por la conciencia, como un sentido emitido por la voz y que por lo tanto puede ser oído, percibido por el aparato perceptual….es el representante de las cosas que están en la memoria, las que así pueden ser percibidas primero y relacionadas entre sí después.”[8]

El bolero “Si tú me dices ven” evoca una cantidad de representaciones en Pepa que han quedado reprimidas, y que significan recuerdos, palabras, imágenes y fantasías desgajadas de una cadena asociativa que el trabajo analítico permitirá restituir.

Y es con estas palabras con las que trabajamos, polisémicas, con un diccionario “de bolsillo” propio y singular,  y es  en esta conversación, este diálogo tan peculiar donde vuelven a cobrar  sentido. André Green, tiene una frase muy hermosa que dice “la palabra analítica desenluta el lenguaje”.[9]

DIALOGO ANALITICO

Ahora bien, hablamos de palabra, pero dentro de  un intercambio, en un diálogo muy peculiar. Siempre centrado  en la problemática del paciente, y con la libertad que implica la asociación libre, que nos permite el acceso al inconsciente. Y como dice Silvia Bleichmar se trata de  “Trabajar levantando represiones, no dejando fluir un discurso sin represión….”[10]

Entiendo que este proceso no es sencillo de comprender desde fuera, pero esta vez no será el relato de un paciente que ejemplificará esto, sino que me apoyaré en una experiencia que contó Julio Cortázar en una entrevista, y  que al igual que los pacientes, sin saberlo, plasmó lo que es la inmersión en el inconsciente mediante la asociación libre y la sorpresa ante la significación otorgada a posteriori.

El periodista le dice al escritor:

Cuando te autoexilias, y te instalas en París, en una casa que según Vargas Llosa era “alta y angosta como tú, atiborrada de libros, y con una especie de pizarrón lleno de lo insólito cotidiano, que tu recortas periódicos y revistas de cosas que te llaman la atención y que tienes ahí un poco delante de tus ojos…

Y Julio Cortázar responde:

(..) Me alegra que recuerdes eso porque me trae una imagen muy precisa, si, era una biblioteca que tenía una plancha de madera, que la cerraba en uno de los lados, era una madera muy fea y muy vasta y yo empecé con  tachuelas a fijar cosas, que podían ser reproducciones de cuadros, de tarjetas postales, dibujos de amigos, o algún dibujo que podría haber hecho yo, y que me gustaba en ese momento, los iba fijando así y había una fotografía de Louis Armstrong tocando la trompeta, tú sabes que es uno de mis dioses, mis dioses están en la tierra, no en otro lado, y había una serie de cosas que se habían ido acumulando  de lo alto hacia a lo bajo, pero a lo largo de un año, una noche estaba yo leyendo y miré ese conjunto de cosas, y entonces te aseguro que tuve miedo, porque vi lo siguiente, en lo alto en una de las imágenes, que era un cuadro de Klimt, una de esas mujeres así muy lujosas llenas de pectorales y joyas, había una línea que bajaba por la figura, entonces esa línea se comunicaba directamente digamos con un programa de cine que yo había pegado ahí y la línea continuaba de lo alto hasta el suelo, sin una sola interrupción, a ver espero que me creas Joaquín, porque es absolutamente exacto y la tontería es que no hice una foto, para que la foto?. La foto no hubiera hecho más que dar una prueba material de la cosa, pero tu comprendes haber estado pegando al azar durante un año un montón de cosas y luego encontrar una línea conductora que pasa por el perfil de un personaje que baja por un paisaje, por una casa, se desliza por un prado y entra en la foto de Armstrong tocando la trompeta y pasa por su brazo y sigue….bueno ahí tienes una de las pruebas que el sentimiento de lo fantástico no se puede explicar lógicamente, está y se acabó”[11]

El trabajo en sesión. La concepción de mente, aparato psíquico

¿Cómo trabajamos en sesión? A través del intercambio verbal en la cura clásica con los adultos, el juego con niños, y en la adolescencia oscilaremos entre uno y otro. Los recursos utilizados siempre son una expresión del funcionamiento de la mente de uno u otro. Así como hemos hablado de la cura por la palabra, el juego también será significado por el analista, y no será entonces un espacio lúdico “voy a jugar”, sino un lugar de despliegue, significación y elaboración del material que surge en la sesión. El juego a partir de Melanie Klein adquiere el valor de libre asociación.

Hay diferentes formas de trabajar a todos los niveles, niños, adolescentes y adultos. Dependerá de corrientes más innatistas o más intersubjetivistas.

Nos encontramos en la Asociación Escuela Clínica Psicoanalítica con Niños y Adolescentes, donde se propone un modelo de  trabajo,  basado en la idea que el método tiene que dar cuenta de la concepción del aparato psíquico. El modelo propuesto es el de la doble escucha, de padres y madres y del niño, tomando la historia de cada figura que cría al niño/a, de su historia libidinal, y el lugar que este hijo tiene para estos padres y madres.

Quiero finalizar esta charla, trayendo una pequeña viñeta que está elegida por diversos motivos, por un lado el encuentro de un paciente  “adolescente”  pero que  me obligó a trabajar con un niño pequeño, yo desconocía el trabajo con niños, me tomó por sorpresa y esto me permitió abrir un espacio novedoso. Por otro lado la que fuera mi supervisora en ese momento, Susana Kahane, me transmitió generosamente este modelo clínico.

Mario es un joven de 16 años, enviado por una pedagoga, con resultados infructuosos en el aprendizaje. Sus padres me llamaron de forma desesperada cuando deciden  quitarlo del colegio por temor a verlo expuesto a una situación de riesgo, ya que los compañeros con los que se encontraba, “eran una mafia”. Cuentan que hacía cinco años que Mario robaba, tanto dinero en la casa como en casas de algunos familiares. Este joven nació con una enfermedad coronaria, que lo obligó a ser operado de urgencia a “vida o muerte” y con varias intervenciones posteriores, además padecía una escoliosis muy importante.

Cuando Mario acude a la primera entrevista destaca una expresión verbal muy  madura,  habla de su sufrimiento, del odio que siente sobre todo al padre, y que él tiene dos personalidades. Al recorrer con la vista la consulta coge un objeto, que estaba de adorno, y con el cual se pueden plasmar diversas figuras. A partir de ahí se instaló un primer juego, manifestando un deseo de llevárselo, que nos permitió establecer una primera diferenciación yo-no yo, pero al que además, después  de un tiempo le realizamos una despedida para volverlo a su lugar. A partir de ahí armamos una caja de juegos donde él puso “la piedra filosofal” y el símbolo del Land Rover entre otros objetos.

La psicoterapia con Mario permitió cambios en el afuera, la simbolización de sus experiencias traumáticas y un cambio en la relación con sus padres. Apoyados éstos por el  trabajo que realizaron  con otro terapeuta, y como expresan Caellas, Kahane y Sánchez, “Si nos centramos en los padres como sujetos del propio inconsciente, comprobaremos que el discurso de los progenitores de la pareja que tenemos ante nosotros también tuvo efectos significantes en la estructuración de sus psiquismos. Es decir que dentro de cada uno hay un niño que también fue marcado por el deseo de los padres. Por ello, y para adentrarnos en la genealogía del aspecto interrelacional de la subjetividad de nuestro pequeño paciente debemos escuchar qué padres tuvieron, qué hijos fueron, qué elección de pareja hicieron y qué lugar ha otorgado al hijo esta elección.” [12]

Querría cerrar este taller con una cita de Elizabeth Roudinesco, historiadora del psicoanálisis.

“El sujeto freudiano es un sujeto libre, dotado de razón, pero cuya razón vacila en el interior de sí misma. Es de su palabra y de sus actos, y no de su conciencia alienada que podrá surgir el horizonte de su propia curación. Este sujeto no es el autómata de los psicólogos, ni el individuo cerebro espinal de los fisiólogos, ni el sonámbulo de los hipnotizadores, ni el animal étnico de los teóricos de la raza y de la herencia. Es un ser hablante, más capaz de analizar la significación de los sueños que de mirarlos como la huella de una memoria genética. Sin duda, recibe sus límites de una determinación fisiológica, química o biológica, pero también de un inconsciente concebido en términos de universalidad y singularidad.”[13]

 

* Taller impartido en AECPNA  Madrid, 3 de  Octubre de 2020.

**Agradecer especialmente a Gabriel Ianni y Susana Kahane por la generosidad de sus enseñanzas.

 

Adriana Szlifman Gersztein

Psicóloga clínica. Miembro y docente de AECPNA

 

BIBLIOGRAFIA

[1] Bachelard, G. (1948). La formación del espíritu científico. Buenos Aires. Editorial Argos.

[2] Freud, S. (1893-95). Estudios sobre la histeria. Obras completas. T.II. Buenos Aires. Editorial Amorrortu.

[3] Bleichmar, S. (2014). Las teorías sexuales en psicoanálisis. Qué permanece de ellas en la práctica actual”. Buenos Aires. Editorial Paidós.

[4] Paz, R.(2020). Diferentes perspectivas de lo infantil en Psicoanálisis. Teoría, clínica y abordaje  de lo infantil. XLII Simposio Anual. Lo infantil en Psicoanálisis. Ideas en Juego. APDEBA. Buenos Aires.

[5] Gugnard, F.(2020). En el vínculo vivo de lo infantil, hoy. XLII Simposio Anual. Lo infantil en Psicoanálisis. Ideas en Juego. APDEBA. Buenos Aires.

[6] Freud, S.(1915-16). Conferencias de Introducción al Psicoanálisis. Obras Completas. T.XV. Buenos Aires. Editorial Amorrortu.

[7] Fred, S. (1905). Tres ensayos de teoría sexual. Obras Completas. T.VII. Buenos Aires. Editorial Amorrortu.

[8] Valls, J.L (2004). Metapasicología y Modernidad. El” Proyecto” freudiano. Buenos Aires. Lugar Editorial.

[9] Green, A. y Uribarri, F. (2013). Del pensamiento clínico al paradigma contemporáneo. Buenos Aires. Editorial Amorrortu.

[10] Bleichmar, S. (2016). La construcción del sujeto ético. Parte II. Buenos Aires. Editorial Paidós.

[11] RTVE.ES (1977). “A Fondo” Entrevista a Julio Cortázar.

[12] Caellas, A.M, Kahane, S., Sánchez I.(2010). El quehacer con los padres. De la doble escucha a la construcción de enlaces. España. HG Editores.

[13] Roudinesco, E. (1999). ¿Por qué el psicoanálisis? Buenos Aires. Editorial Paidós.


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