Número 15

CICLO DE SÁBADOS: LOS ROSTROS DE LA MASCULINIDAD

Sexo, sexuación y género: el no-todo masculino

Por Rodrigo Bilbao

Agradecimientos

Deseo iniciar esta conferencia agradeciendo a esta institución AECPNA, a todos sus miembros por la invitación y en particular a Ana María Caellas y Curra Carrasco de quienes guardo un gran afecto por su recepción. De forma especial quiero agradecer a Ana Isabel Perales por su invitación y su amistad incondicional, y a todos los asistentes por es-tar acá. Me declaro amigo de esta institución, teniendo un gran respeto y cariño.

Introducción

Comenzaremos aclarando un equívoco -como si toda la relación del sujeto con el sexo no fuera más que eso-, el título debiera decir sexuación1 en vez de sexualidad, pero ya veremos que solo esta corrección requeriría una conferencia entera para explicarlo. Es verdad que hablar de la posición sexuada atañe a la sexualidad, pero de un modo diferente a la sexología, más bien de la manera amplia y enrevesada en las cuales el cuerpo se mezcla con la palabra como bien lo muestra Freud.

Este ciclo que lleva por nombre “Los rostros de la masculinidad”, toca cada uno de estos temas como bien lo planteó Ana Isabel en la introducción del ciclo en la sesión pasada. Me he tomado el tiempo de escuchar la conferencia de Gustavo, quien de manera lúcida y clara ilustró los diferentes escenarios donde este tema converge en la actualidad. Para esta presentación intentaré ahondar en el final de esa presentación, particularmente en la última pregunta que se hizo respecto a cómo concebir lo masculino desde el psicoanálisis. Espero desde ahí poder aportar alguna fa-ceta de los nuevos rostros, pero primero creo que debemos revisar los “rostros” propuestos por el psicoanálisis para lo masculino que tienen sus peculiaridades.

El título que propongo da ciertas luces, ya que podríamos intentar distinguir el sexo, del género y la sexuación, Gustavo aludía al estatuto de semblante, término que adquiere con Lacan una cualidad específica y que nos remitiremos a lo largo de este trabajo.

Una revisión de lo masculino plantea una dificultad, como me lo hizo saber Ana Isabel cuando preparaba este ciclo. Me comentaba que los textos que encuentra en su gran mayoría son en relación con lo femenino, y efectivamente ese par significante se desarrolla en un conjunto cerrado en el ámbito del sexo. En este punto adelanto una idea central que plantearemos, para Freud no existe lo masculino ni lo femenino puro, es decir, la posición de un sujeto siempre concibe una mezcla, por lo que ya es difícil decir qué es lo masculino; más aún para Lacan, tanto masculino como femenino son posiciones lógicas de discurso que apuntan al goce. Todo lo anterior nos aleja más del campo de la sexualidad y de la idea de encontrarnos con respuestas certeras como intenta ofrecer la identidad de género. Para poder avanzar en el tema me he propuesto un breve recorrido por tres puntos que permitan abrir un diálogo posterior:

– Revisar algunos elementos de base propuestos por Freud.

– Proponer algunos aportes de Lacan a la discusión.

– Establecer algunas coordenadas del debate contemporáneo que nos permita hablar de los nuevos rostros de la masculinidad.

Asumo que, como todo en psicoanálisis, pero más en estos temas, solo se habla desde un lugar parcial, por lo que compartiré mi visión para poder luego conversar con ustedes.

Freud: anatomía y destino.

Centrarse en los problemas y las críticas de la teoría freudiana en estos temas (que las hay), me parece sumamente injusto luego de todos sus desarrollos que permiten hoy en día estar debatiendo estos asuntos. Si hoy lo podemos hacer, se debe a que Freud instala la pregunta por la sexualidad en el ser humano más allá de una biología o una visión religiosa. Por supuesto que Freud es un hombre de su época, es un hombre de ciencia del siglo XIX que se abre camino en los comienzos del siglo XX, pero se abre camino subvirtiendo las concepciones conservadoras de su momento. Sabemos que un punto problemático fue su posición frente a la sexualidad y toda su teoría de sexualidad infantil. De esto ya mucho se ha hablado, aunque el tema nunca se agote.

Cuando se revisa el apéndice a los “Tres ensayos de teoría sexual”2, Strachey destaca treinta y nueve “escritos de Freud que versan predominantemente o en gran parte sobre sexualidad”3. Si uno lo revisa constata que solo en uno Freud describe abiertamente algo referido al hombre en el texto “Sobre un tipo particular de elección de objeto en el Hombre (1910)”4 en sus “contribuciones a la psicología del amor”, retengamos esta idea que nos servirá más adelante. Quizás por el espíritu de la época no había mayor interés o preocupación para abordar lo masculino, pues como sabemos le dedica varios textos a lo femenino con las conclusiones que ya conocemos. Ahora bien, estos treinta y nueve textos siempre recorren la diferencia sexual, diferencia que va más allá de la anatomía, aunque ésta juegue un papel en el destino para Freud, dicho de otro modo, se centra en “Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia anatómica entre los sexos” que es su texto de 19255. Pero ya en “Los tres ensayos…” titula la parte cuatro como “diferenciación entre el hombre y la mujer”.

Sabemos que en su investigación intenta apoyarse en la biología, ya dijimos que era un hombre de la ciencia de su época, hasta el punto de extrapolar cualidades de los gametos masculinos y femeninos para decir algo sobre el sujeto sexuado: lo masculino como el espermatozoide es activo y lo femenino como el ovulo pasivo. Se puede señalar que toda la investigación freudiana se recorre en el contrapunto de estas dos posiciones que instala para él la diferencia anatómica: macho y hembra. Pero esta investigación lo lleva inevitablemente por fuera del campo biológico, hacia lo psíquico y acá encontramos elementos interesantes para nuestro análisis. Destacaré solo algunos, me imagino que en la conversación posterior pueden aparecer más.

Para Freud la diferencia sexual es una diferencia simbólica que solo se adquiere a partir del complejo de Edipo, máquina que convierte al cachorro humano en ser sexuado. Es más, en Freud eso debe ser resignificado en la pubertad6 y confrontado en la adolescencia. La diferencia existente en la primera infancia, pasivo/activo o genital masculino/castrado de la etapa fálica, no dice nada de una posición sexual, es decir, previo al complejo de Edipo no existen hombres y mujeres. La posición inicial bisexual, o me atrevo a aventurar “asexuada psíquicamente”, devendrá en una “posición sexual psíquica inconsciente”.

Quizás aquí ya establecemos un problema para el debate contemporáneo, ya que lo que propone Freud es que aquello que llamamos masculino y femenino es una posición sexual por advenir, luego de un complejo proceso de intercambios simbólicos que no se reduce a un tránsito directo desde la biología, aunque la diferencia sexual se ancle en la diferencia anatómica y a partir de allí se extraigan consecuencia. Con Lacan más adelante se clarifica un poco este punto, ya que para Lacan son posiciones lógicas que se extraen de un real, posiciones de discurso que no logran una consistencia en el ser, de allí es que se requieran semblantes para recubrirlo pues no hay una esencia inconsciente que vayamos a encontrar. La partición real macho/hembra, el binarismo que Paul B. Preciado atribuye al patriarcado no dice nada de qué y cómo ser un hombre y una mujer, solo define dos posiciones significantes. Para Freud un punto fundamental es la ausencia de una posición sexuada inicial en el niño “perverso polimorfo”.

En el “Sepultamiento del complejo de Edipo”7 plantea el difícil camino hacia la feminidad a partir de la imposibilidad inicial de descubrir el genital femenino, esa dificultad provoca la ausencia de representación y “la búsqueda de respuesta en el símbolo y la Imagen” según Lacan8. Por este motivo es que Freud llega a decir que la feminidad es un desarrollo complejo con movimientos dobles (identificación y traslación de zona), que no se logra más que a esbozos9 y donde la propia neurosis hace obstáculo. Recordemos que la posición histérica es una posición todo falo que rechaza la castración a costa de su feminidad dice Freud. Sabemos que Freud se adhiere en este punto al ideal de la época y ofrece una salida polémica a partir del deseo de hijo en la 33ª conferencia, el cual seria “meta de deseo femenino por excelencia”10. Acá hay un problema grande al querer homologar feminidad con maternidad, aunque me parece que no hemos sacado todas las consecuencias al hecho real de la posibilidad de procrear en las mujeres y los efectos simbólicos que esto puede tener, es diferente el deseo materno, mujer y madre no es lo mismo, pero quizás este tema nos desvía del eje central.

Volviendo a Freud y lo masculino, quizás la primacía fálica a partir de la tenencia del órgano permite pensar lo masculino desde una supuesta consistencia, consistencia siempre amenazada por la castración como pérdida irreductible en la que por el hecho de hablar todos estamos afectados, pues la castración es un hecho de discurso que deja en el pasado pretérito perfecto un supuesto goce total del ser. Esa consistencia fálica o supuesto hecho empírico haber afectado el desinterés en la investigación, dándolo por sabido y conocido. El tener y poder perderlo, definiría una posición no solo enmarcada en el tener y la pérdida, sino que también alude al Poder. Tener poder, es lo que reclama el patriarcado y allí empiezan las confusiones entre masculino, poder, macho, padre y un largo etcétera. Esa consistencia fálica, agalmática dice Lacan, pareciera cegarnos con su brillo, dejar dicho todo, todo y nada, porque aún no podemos decir mucho.

En los textos donde Freud intenta esbozar algo específico de lo masculino, en sus “Contribuciones a la psicología del amor I11 II12 de 1910 y 1912, Freud apunta hacia las condiciones de amor, que son por otra parte condiciones de goce en estos casos. La escisión del objeto y la degradación, definen un goce propio de la neurosis obsesiva más que del hombre en general (si lo hay) o la supuesta masculinidad. Ahí se presta para una ambigüedad, como también para una reflexión en torno a la homologación neurosis obsesiva/hombre, histeria/mujer, atribución polémica por decir menos, toda vez que Freud se presenta en la sociedad científica de su época relatando un caso de histeria masculina en 188613. Como quiera que sea, la posición sexual en la neurosis es compleja, más aún podríamos decir que la neurosis misma hace obstáculo, en tanto el varón obsesivo tramita su sexualidad edípicamente; y por otra parte el acceso a la feminidad en la histeria se plantea como una salida sintomática en las tres orientaciones que abre Freud en 1931: a) suspensión de toda sexualidad, b) la porfiada hiperinsistencia en la virilidad, c) los esbozos de la feminidad definitiva14.

En este momento quizás debiéramos destacar algunas conclusiones freudianas. Advierte de manera reiterada que el psicoanálisis no pretende describir qué es el hombre o la mujer, si no cómo advienen esos esbozos de feminidad, por ejemplo, e “indagar cómo se desarrolla la mujer [y el hombre] a partir del niño en posición bisexual”15 o como he llamado asexuado psíquicamente. Pero aclara que lo masculino y femenino puro son “construcciones teóricas de contenido incierto”16, es decir, la posición sexual a la cual se puede advenir es una mezcla de masculino y femenino como resultado de identificaciones parciales, a esbozos, siempre dobles.

Lacan: Lógicas de discurso

Si bien es cierto las llamadas “lógicas de la sexuación” con la cual Lacan desea aportar al debate se producen a comienzos de la década de 1970, desde el comienzo de su enseñanza se esfuerza en separar lo somático de lo psíquico, apuntando al privilegio del estatuto significante en este problema. La presencia para ambos sexos de un solo significante para dar cuenta del goce y la diferencia, obliga a acotar el campo de posibilidades. Se pregunta Lacan si “¿es entonces a ese privilegio de significante al que apunta Freud al sugerir que tal vez no hay más que una libido y que está marcada con el signo masculino?”17.

Donde debiera haber representación de lo femenino no se encuentra más que un vacío de significación, eso es un real imposible de ser enunciado. Esto implica entre otras cosas que el complejo de Castración tiene la función de nudo de la estructura y ofrece al sujeto una posición inconsciente a la cual se va a identificar. Es decir, la posición masculina y femenina no está garantizada de antemano y no queda más que semblantes para hacerse de ella. Pero esta identificación no deja de ser verdadera, en tanto, responde a las condiciones de posibilidad producida por la ausencia del significante par, significante de la feminidad decíamos, que resuelva esta imposibilidad. En esto es muy freudiano.

La primacía fálica establecida por Freud supone una relación al significante impar para todo sujeto, en donde hay “una relación del sujeto con el falo que se establece independiente de la diferencia anatómica de los sexos”18.

Un solo significante para los dos sexos, siendo el falo el significante privilegiado de la unión del logos con el deseo. La función fálica estructura y somete las re-laciones de los dos sexos, pero al mismo tiempo hace obstáculo en la relación con el otro, pues no hay una relación directa sino mediada por el falo. Por la relación a este significante impar (no tiene la pareja) es que la mujer para ser el falo rechaza una parte esencial de su feminidad dice Lacan19, asumiendo un costo de entrar en el juego del deseo, siendo el falo para completar al otro (hombre) o teniendo el falo para provocar el deseo, tanto hombres como mujeres deben perder algo en el juego del deseo. Por su parte Lacan se pregunta “¿por qué el hombre no debe asumir sus atributos sino a través de una amenaza?”20 O más aun rebajando su vida amorosa como veíamos antes. Es en una danza con el significante fálico en que hombres y mujeres localizan su relación al deseo y el goce, por medio del amor en algunos casos, amor que permite condescender al goce en el deseo. Es decir, hombres y mujeres son posiciones en relación con el goce y el deseo, arropadas con las vestimentas y semblantes posibles ante la ausencia de consistencias que definieran el ser como tal.

El salto más radical de Lacan lo instala en su seminario “Aun” de la década de 1970 (1972-1973), allí plantea el problema a nivel lógico, “todo ser que habla se inscribe en uno u otro lado”21. No se trataría ya de cuerpos biológicos, si no de lógicas en el lenguaje y lo escrito, que ofrecen dos posiciones posibles: el todo (y la excepción) y el no-todo. Precisemos aún más, posiciones de goce a partir del lenguaje, que todo sujeto macho o hembra, en tanto ser que habla y debe confrontarse con la diferencia sexual sin los instintos, se confronta a los efectos e incidencias del significante sobre el cuerpo. Ese tránsito lo llamamos sexuación. Asumir inconscientemente una posición en términos de deseo y goce. A partir de allí es que Lacan escribe estas dos posiciones lógicas a las cuales podemos advenir o sobre las cuales podemos estar en el discurso, el todo y la excepción, goce fálico (“todos tienen falo, todos castrados”), y un goce suplementario no-todo sometido al goce fálico, goce femenino. Sobre este ultimo señala “a todo ser que habla, sea cual fuere esté o no provisto de los atributos de la masculinidad -aún por determinar- le está permitido, tal como lo formula expresamente la teoría freudiana, inscribirse en esta parte. Si se inscribe en ella, vetará todo universalidad, será no-todo, en tanto puede elegir estar o no en falo X”22, cualquiera, independiente de su condición biológica puede estar en esa posición llamada femenina si es que no está sometido/a completamente al goce fálico. Para el lado macho, indica que se inscribe todo en la función fálica, todo goce pasa por allí. Ambas lógicas no se complementan, son diferentes, suplementarias, por eso no hay relación/proporción sexual, y es categórico al señalar que “tales son las únicas definiciones posibles de la parte llamada hombre y de la parte llamada mujer, para los que se encuentran en la posición de habitar el lenguaje”23.

En el lado hombre la totalidad franqueado por una excepción que sostiene el límite (lógica de conjuntos), el goce localizado en el objeto fálico, del lado de lo completo, un goce fetichista que se puede contabilizar como lo hace el macho con sus conquistas, orgasmos y polvos. Este lado completo es lo que plantea Freud como lo que quieren sostener el pequeño infante con su investigación sexual infantil, sostener la madre fálica. La excepción el padre de Tomen y Tabú, el padre gozador que bien muestra la neurosis. Es un goce constitutivo que ofrece la relación al falo que tanto hombres y mujeres tenemos acceso por el hecho de estar en el registro simbólico del lenguaje.

En el lado mujer, se descompleta el todo, por eso lo llama no-todo, es ilimitado, en algún punto impensable. Imaginemos el concepto de infinito, el espacio infinito, abruma angustia, porque el pensamiento es discreto, con significantes que se excluyen y relacionan como 0 y 1. Plantea un goce no localizable en el órgano, podría ser gozar de la falta, en el vacío y la ausencia. Está fuera de la lógica macho, es contingente, pues se podría o no tener acceso a ello.

Coincide con Freud en la imposibilidad de describir el ser de lo masculino y femenino. No hay consistencia, solo posiciones de deseo y goce, que se revisten de semblantes, máscaras, identidades y géneros, vestimentas, fachadas, telas. Posiciones imposibles de cerrar complementariamente, el goce fálico no se complementa con el goce femenino ni viceversa, no cerrarán el campo del goce, no hacen uno, no hay medias naranjas y si las hay, la otra mitad está perdida. Lo femenino como lógica a partir del falo va más allá, no-todo queda sometido al falo, ya lo decía Freud a propósito del complejo de Edipo. La posición del goce del lado mujer, no está toda sometida a la función fálica, así surgen distintos modos de abordar el falo, existiendo un goce del cuerpo más allá del falo y un goce fálico que siempre es extimo al cuerpo, fuera de cuerpo decía Lacan, pues no es el goce peniano ni clitoriano. Decíamos con Lacan, que tales son las únicas definiciones posibles de la parte llamada hombre y la parte llamada mujer, algunos se atreven a decir a partir de esto que debiéramos dejar de utilizar los significantes hombre y mujer ya que conducen a confusiones imaginarias, y dejarlo a la sexología para quedarnos con la división todo y no-todo, así nos referiríamos a la bipartición de goce que no hace Uno. Podemos decir que estas lógicas se desprenden de los efectos del significante sobre la diferencia sexual, pero no está atrapada en una anatomía específica de quien habita o se posiciona en ella. Ser el falo o tener un hijo no agota la feminidad, pero tampoco un fantasma o un semblante lo dice todo; el lado macho tampoco se limita al tener y la falta, pero el goce sexual no dota de identidad alguna. De hecho, ni siquiera hemos hablado del goce asexual del objeto a, ni del goce en el síntoma.

Debiéramos aclarar -y para ir cerrando los aportes de Lacan a la discusión-, que hombre, mujer, niña, niño, etc., son significantes, lo que quiere decir a) no sig-nifican nada en sí mismo, solo constatan las diferencias que mantiene con los otros, b) al ser significantes no guardan relación con la naturaleza o la biología, más que como una referencia siempre cambiante, en tanto se ha perdido la condición natural sexual en el ser humano. Esos significantes se podrían fijar y ser una letra que es el “estado que adquiere el significante cuando está locali-zado”24, recibiendo un significado o sentido perdurable en un tiempo y un contexto lingüístico familiar y sociocultural. Esos sentidos pueden causar el sufrimiento en alguien y llevarlo a consultar. Por este motivo podemos investigar los sentidos adquiridos de hombre y mujer, masculino y femenino, en esta época sin que sean una definición para todos, ni que nadie se arrogue esa identidad más que un modo particular y contingente. No habría identidades constantes al respecto. Más aún, como lo señala Eidelzstein “el concepto de sujeto en Lacan, cuya definición es: lo que un significante representa para otro significante, implica necesariamente que no es hombre, no es mujer, no es niño, no es gay, no es lesbiana, no es trans, no es bisexual, no es ni neurótico, etc., sencillamente “no es”, carece de ser e identidad [falta de ser]. En cada historia particular de una persona, una familia, un pueblo, etc., el valor de sujeto participará de las redes significantes, cadenas de cadenas, en las cuales adquirirá significados y sentidos múltiples, nunca garantizados en su verdad ni en su perduración”25.

Una pregunta por la sexualidad: entre síntoma y posición sexual

El debate contemporáneo nos empuja a interrogar nuestros presupuestos. Este ciclo evidentemente es un intento de respuesta o reflexión llevado por la llamada “cuarta ola del feminismo”. La lucha de derechos sociales igualitarios y reivindicaciones del lugar de la mujer en el orden social conmueve a los hombres y particularmente en su posición social. Pero no solo eso, la proliferación de prácticas sexuales y la reivindicación que la acompañan, trituran la clásica división de género masculino/femenino: bi, trans, fluido, neutro, etc…El punto problemático para nosotros, psicoanalistas, es cómo evitar que el discurso jurídico se homologue al discurso analítico, para poder dar cuenta de la novedad psicoanalítica sin desconocer el movimiento social imperante y las consecuencias que se desprenden. La pérdida de la condición natural sexual que comentábamos en el ser humano, la falta de ser en el sujeto, la ausencia de identidad consistente nos obliga al juego de máscaras y semblantes. El riesgo en este debate es perder el lugar analítico y hacer una psicología general de atributos descriptivos donde hombre y mujer se consolidan; u otorgarle del mismo modo, a una práctica sexual, homo, hetero, trans, fluida, neutra, bi, etc., una consistencia identitaria.

Si la sexualidad natural está perdida, solo queda una apropiación, una asunción siempre desfalleciente, más o menos sintomática que Lacan llama sexuación (neologismo de los suyos). Posición sexual en torno al deseo y el goce, semblantes de ser en falta siempre, falta de goce, de deseo, de amor, carentes y deseantes; identificaciones sujetas al discurso familiar. Intentos de consistencia en prácticas de goce que escapan a toda identidad, que Lacan despeja en las fórmulas de la sexuación que comentábamos. Al insistir en estas dos posiciones lógicas, no biológicas, lugares de discurso que no se explican por ninguna biología, ni genética, apunta al campo de la palabra.

Estar del lado macho, independiente de la condición biológica de ese sujeto dijimos, no se determina más que por un efecto significante, de discurso, en un goce esencialmente finito, localizado, goce fálico que es “fuera del cuerpo” para Lacan, no alude a una sustancia, más bien a su forma fetichista que prescinde de la palabra26. Del lado femenino goce no localizable, infinito que condensa amor, deseo y goce como el Liebe Freudiano. El goce es finito del lado macho, como lo muestra el orgasmo, pero ¿al amor podemos ponerle límite? ¿Te amo solo los sábados? Quizás por eso se dice que cuando se está enamorado se feminiza o que el amor es fundamentalmente femenino, o como planteaba Freud que la amenaza de castración se vivía en la mujer fundamentalmente como pérdida de amor. Amor que permite que el deseo condescienda al goce, recubre el goce del Otro deseándolo.

¿El fenómeno Tinder no sería la proliferación del goce macho? ¿Hablar lo justo y necesario para ir a lo suyo? Con esto no defendemos ni idealizamos posturas, solo expresamos estas dos lógicas que Lacan reconoce a partir de Freud y que me parecen esclarecedoras para la práctica clínica. Lacan explicita que el goce femenino es suplementario, no complementa ni cierra nada, hace uso del falo para ir más allá, un goce contorneado por el agujero fálico, el agujero en lo simbólico que produce el falo. Esto ya está en Freud, la castración instaura la falta simbólica que pone a trabajar la diferencia sexual, porque en lo real no falta nada. ¿Será este tejido de lado macho y hembra lo que Freud apunta a la mezcla posible entre hombre y mujer, donde lo puro es incierto?

Del lado hombre el todo y la excepción, ¿será por ello los totalitarismos son comandados por hombres identificados a su posición de macho? Todos tienen falo y todos castrados, el padre totémico es la excepción. El no-todo no alude a una posición incompleta, carente, eso sería nuevamente el error del macho: machismo, donde la mujer representa esa inferioridad.

Para Lacan el lado mujer es no-toda en la castración y sin una figura de excepción (todas están castradas de entrada, decía Freud), lógicas del lenguaje a las que nos adherimos todos los seres que hablan. Ese lado femenino otorgaría un plus-de-goce, un extra que va más allá de la localización fálica, goce de ese vacío infinito bordeado y contorneado, ilimitado, no inferior. ¿Es por ello que Freud señalaba a la mujer con un superyó lábil, menos sometida a esos ideales culturales?, un goce más allá del falo, de la cultura. Si todo ser que habla está sometido a la ley del falo, no todo el goce se reduce al goce fálico.

Las posiciones masculinas y femeninas nos hablan de los problemas en torno al deseo y el goce, eso nos devela el psicoanálisis y ante aquello, los nuevos rostros de la masculinidad debieran ser revisados contando con estas premisas para no diluirnos en el discurso jurídico o el discurso social. Conozco muchos sociólogos que hacen mejor socioanalisis que los psicoanalistas, y para el sentido común tenemos la opinión “publica”.

Sobre ese real que llamamos diferencia sexual o atribución de sexo, la posición sexual se establece discursivamente, allí hacemos uso de los significantes de la época también. Por eso el movimiento feminista perturba las viejas consistencias, pero ojo, se puede hablar en nombre de ese movimiento como macho, si nos planteamos un discurso que sea del todo, para todos igual. El hombre muy identificado a ese lugar habla para todo: la cultura universal del fútbol, y el machismo latinoamericano lo muestran día a día.

El macho de hoy pierde sus referencias, y es verdad que Freud planteaba cómo la mujer al iniciar el complejo de Edipo desde la constatación de la castración quedaba más liberada de aquellas consistencias que en el hombre cuesta tanto sacudir, pero insisto tampoco es garantía que la mujer biológica esté ubicada en el lado no-todo, no-todo respecto al goce decíamos en tanto goce fálico, localizable en el tener, masturbatorio, etc.

Lo femenino es un suplemento de goce extra-fálico, una satisfacción que va más allá, no en el tener que sabemos por Foucault es poder. Como señala Braunstein, “Lacan llegó a las fórmulas de la sexuación, de la sexuación y no de la sexualidad ni del sexo, de la elección de un modo particular de posiciones de cada hablante ante la función fálica que está determinada no por la anatomía ni por la cultura sino por los avatares del complejo de Castración (determinante del saber inconsciente) y del deseo que resulta de ese complejo como expediente para la subjetivación de la falta en ser”27. Por esta falta es que utilizamos ropajes, identidades de género como telas para vestirnos y recubrir el vacío, y está bien hacerlo, pero son trajes.

Quizás por lo anterior es que proliferan preguntas de cómo ser hombre en los tiempos actuales, donde ciertas consistencias que anclaban las respuestas se han desmoronado. Me parece paradigmático en esta época de la desvirilización el auge de superhéroes (supermacho), pero en Avengers es una mujer quien viene a salvar el universo (¿mujer en posición fálica?). El reverso de ello es la violencia de género, violencia machista que puede ejercer insisto hombres y mujeres biológicas, y que sabemos los psicoanalistas que tampoco recubren toda la relación entre los sexos. No toda violencia en una pareja puede y debe ser nombrada con ese significante, habrá que ver en cada caso cual respuesta representa a ese sujeto, sin confundir el discurso jurídico con el psicoanalítico, pero tampoco desmintiendo la realidad jurídico social de los hechos.

Desde este contexto del hombre contemporáneo, surge la interpelación de la ideología de género bien representada por Paul B. Preciado28, quien recientemente se presentó ante la “Ecole de la Cause Freudienne” en Paris en noviembre de 2019, desde un lugar que él define como “la jaula de hombre transexual” insta abolir todo binarismo para liberar al sujeto contemporáneo de la diferencia sexual binaria. Preciado se sustenta en una biología para desmentir esto, Paul B. que mantiene en letra ambas identificaciones, presenta el problema de intentar desde los nuevos géneros solucionar la diferencia y el estigma patriarcal. El problema es que el género no alcanza a recubrir el real de la diferencia (que no se reduce a la biología) y ni siquiera el lenguaje neutro (tan impuesto en América Latina: chiquilles/chiques) puede anular la ley del significante que es pura diferencia como decíamos, por lo que el sujeto está vacío de esas consistencias. El género admite el neutro, pero el sexo es binario.Los lugares trans, bi, hetero, homo, neutro, no recubren todo y nuevamente si compartimos en algo lo planteado por Lacan, podríamos pensar que esas respuestas son semblantes necesarios ante la falta en ser. Habría que ver en cada caso si el hetero, homo, bi, trans, neutro, habla desde la posición hombre o mujer, y qué quiere decir para él, ella o elle ese lugar respecto al goce y el deseo. Nuestra posición ético-clínica no cambia, sino que se complejiza y enriquece con las teorías de género.Curiosamente la mejor respuesta para este problema planteado y explicitado por Preciado, se antepone a la pregunta por varios años. Habiendo respuestas muy interesantes para revisar y recomiendo Eidelsztein29, Amigo30 o Male-val31.

Una respuesta la encuentro en la actualización que hace Braunstein32 hace quince años en el 2005 a su texto original de 1990, “El goce…”. Ahí agrega a su texto -y con esto termino para abrir a la conversación-, un punto que titula “Freud (Lacan) o Foucault”. Leyendo la propuesta de la teoría queer acuñada por Teresa de Lauretis en 1990, propuesta que intentan dar cuenta de las experiencias de goce que escapan a la normatividad social impuesta “hetero-normativa”, aquella ideología heterosexual, monogámica, familiar, etc., nos dice que se saltan la lectura lacaniana al atribuir la causa de los males absolutamente al biopoder. Por su parte la investigación psicoanalítica y esta es la fuerza renovadora creo, deconstruye toda categoría normativa, clasificatoria, identitaria, para revelar en cada caso la singularidad del deseo. Entre el goce y el deseo en sus polos opuestos se juega la experiencia subjetiva, de “un sujeto inmerso en redes de lenguaje, escindido y separado del objeto que causa su deseo y evocador del goce prohibido”33.

No hay relación normal entre los sexos y por eso insistimos, aunque solo quede fracasar, volver a empezar e ilusionarse nuevamente, sus goces no son complementarios. Existen diferencias culturales susceptibles de ser deconstruidas, pero la diferencia no es un invento de la cultura, ni puramente biológica, “no es un binarismo que es una producción sexista”. La idea de liberarse de esta diferencia es el imperativo del yo autónomo tan propio de la época, yo autosuficiente y que busca gozar a su manera creyendo no depender de nada ni de nadie por pura autodeterminación. Los rostros actuales de la masculinidad tampoco pueden ni deben desconocer este imperativo contemporáneo: “goza tú mismo, a tu manera”.

La época de la tecnología de masas nos inunda con machos alfa exponiendo su vida con tal de obtener un like en sus redes sociales como una psudoseparación, ¿no es la misma cara del lado macho pero recubierto de un barniz tecnológico?

Desconocer la propia barrera interna al goce que demuestra e instituye Freud, Lacan y muchos otros, es una posición ingenua respecto al “montaje lenguajero de la pulsión”34, supone que el sexo puede llegar a ser solo placer cosa que desmiente tajantemente los síntomas.

Del mismo modo interrogar lo masculino exige por nuestra parte desprendernos de las consistencias del macho, el hombre no existe, pero lo masculino identitario sí. Quizás debiéramos aplicar la inconsistencia de lo femenino para decir algo diferente, pues lo masculino en este tiempo podrá ser no-todo o no será, no será más que una pura identidad ya conocida

 

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1 El título de la conferencia inicialmente llevaba la palabra sexualidad en vez de sexuación, y fue  difundida como “Sexo, sexualidad y género: el no-todo masculino”.

2 Freud, S. (2000). Tres ensayos de Teoría sexual (1905). O.C. Vol. IX. Buenos Aires: Amorrortu.

3 Ibid, p.223.

4 Freud, S. (2000). Sobre un tipo particular de elección de objeto en el Hombre” (1910). O.C. Vol. VII. Buenos Aires: Amorrortu.  5 Freud, S. (2000). Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia anatómica entre los sexos (1925). O.C. Vol. XIX. Buenos Aires: Amorrortu.

6 Freud, S. (2000). La organización genital infantil (Una interpolación en la teoría de la sexualidad) (1923). O.C. Vol. XIX. Buenos Aires: Amorrortu.

7 Freud, S. (2000). El sepultamiento del complejo de Edipo (1924). O.C. Vol. XIX. Buenos Aires: Amorrortu.

8 Lacan, J. (2002). Ideas directivas para un congreso sobre sexualidad femenina (1958). Buenos Aires: Siglo XXI.

9 Freud, S. (2000). Sobre la sexualidad femenina (1931). O.C. Vol. XXI. Buenos Aires: Amorrortu.

10 Freud, S. (2000). 33ª conferencia. La feminidad (1933 [1932]). O.C. Vol. XXII. Buenos Aires: Amorrortu.

11 Freud, S. (2000). Sobre un tipo particular de elección de objeto en el Hombre (1910). O.C. Vol. VII. Buenos Aires: Amorrortu.

12 Freud, S. (2000). Sobre la más generalizada degradación de la vida amorosa (1912). O.C. Vol. VII. Buenos Aires: Amorrortu.

13 Freud, S. (2000). Observación de un caso severo de hemianestesia en un varón histérico (1886). O.C. Vol. I. Buenos Aires: Amorrortu.

14 Freud, S. (2000). Sobre la sexualidad femenina (1931). O.C. Vol. XXI. Buenos Aires: Amorrortu. P.233

15 Freud, S. (2000). 33ª conferencia. La feminidad (1933 [1932]). O.C. Vol. XXII. Buenos Aires: Amorrortu. P.119.

16 Freud, S. (2000). Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia anatómica entre los sexos (1925). O.C. Vol. XIX. Buenos Aires: Amorrortu, p.276.

17 Lacan, J. (2002). Ideas directivas para un congreso sobre sexualidad femenina (1958). Buenos Aires: Siglo XXI, p.714.

18 Ibid, p.666.

19 Lacan, J. (2002). La significación del falo (1958). Buenos Aires: Siglo XXI.

20 Ibid, p.665.

21 Lacan, J. (2008). El seminario de Jacques Lacan, Libro 20: Aún (1972-1973). Buenos Aires: Paidos, p.96.

22 Ibid, p.97.

23 Ibid.

24 Eidelzstein, A. (2019), en https://www.facebook.com/notes/alfredo-eidelsztein/diferentes-posiciones-psicoanal%C3%ADticas-frente-al-sexo-la- sexualidad-y-el-g%C3%A9nero/2688625884564574/

25 Ibid.

26 Miller, J.A. (2008). El partenaire-síntoma. Buenos Aires: Paidós.

27 Braunstein, N. (2015). El goce. Un concepto lacaniano. Buenos Aires: Siglo XXI, p.152.

28 Preciado, P.B. (2019). En https://www.youtube.com/watch?v=vqNJbZR_QZ4&t=378s

29 Eidelzstein, a. (2019), en https://www.facebook.com/notes/alfredo-eidelsztein/diferentes-posiciones-psicoanal%C3%ADticas-frente-al-sexo-la-sexualidad-y-el-g%C3%A9nero/2688625884564574/

30 Amigo, S. (2019). En: https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=1576323285855344&id=520683781419305

31 Maleval, J.C. (2019). En https://psicoanalisislacaniano.com/2019/12/01/preciado-psicoanalisis-maleval-20191201/?fbclid=IwAR0MhEbPauXQ7VYArWeDh31mdFlHqspbaYA6EvYUDj9_Xu8Y9FAR6p2V1tQ

32 Braunstein, N. (2015). El goce. Un concepto lacaniano. Buenos Aires: Siglo XXI.

33 Ibid, p.168.

34 Ibid, p.174.

*Ponencia dentro del Ciclo de Sábados: “Los Rostros de la Masculinidad”, celebrado en AECPNA durante el curso 2019 – 2020.

** Sobre el autor:

Rodrigo Bilbao R. es psicoanalista, psicólogo clinico, doctor por la Universidad Complutense de Madrid, miembro de la ELP y Asociación Mundial de Psicoanálisis, miembro de la Asociación Madrileña de Psicoterapia Psicoanalítica, docente universitario en Chile y España, supervisor en UNIPSI Psicología. Ejerce su práctica clínica en Madrid. Correo electrónico: rbilbaor@yahoo.com. Teléfono: +34 618005433
Madrid

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