Número 14

ARTÍCULOS

¿Pero qué le pasa a mi madre? Implicaciones de la maternidad en la clínica infantil

Por Beatríz Azagra

Hoy vamos a hablar de la maternidad desde un punto de vista psicoanalítico y de las distintas situaciones o procesos que afectaran a la estructuración psíquica de los hijos según pasen por un tipo de relación con sus madres u otra.

Durante esta exposición no me gustaría ligar la relación madre /hijo a la patología ni con la culpabilidad, aunque en algunos casos se demuestre el sufrimiento psíquico de los hijos/as, toda mi ponencia, me gustaría que fuera entendida desde el respeto a todas aquellas personas que tienen hijos/as y que hacen todo lo que pueden para obtener su bienestar.

Vamos a hablar de distintas maneras de ser madres, desde las determinaciones inconscientes a las que todos estamos sujetos y que nos condicionan. Y recuerden inconscientes, en ningún caso lo haremos de negligencias ni de conductas pensadas y ejercidas desde la voluntad.

Las madres, en general, hacen lo que creen que es mejor para sus hijos, pero esas motivaciones inconscientes, en ocasiones, afectan al vínculo y a las distintas formas de crianza. Otra cosa son las decisiones que de modo consciente se toman unas serán oportunas y otras no.

Me gustaría hacer unas puntualizaciones acerca de la maternidad… extraídas del libro de Recalcati “Manos de madre” (1918) con el objetivo que funcionaran como el marco del contenido
de esta clase.

Vamos a hablar de maternidad, teniendo en cuenta que, en palabras de Recalcati:

“La maternidad no es un hecho simplemente biológico, es un evento del deseo. Surge desde el inconsciente como una ofrenda alimentándose de los sueños, las expectativas y los deseos inconscientes de todas las madres” (Recalcati, 2018).

“Sin sueños la maternidad quedaría aplastada por la maquinaria del cuerpo, como una maquina impersonal de reproducción de la especie. Es el sueño lo que constituye la condición ineludible para una maternidad auténticamente generativa.”(Recalcati, 2018).

Aunque vamos a hablar de las implicaciones clínicas en los niños de los distintos modos de maternidad, me gustaría hacer algunas consideraciones acerca de la infancia en estos momentos que también influyen en las manifestaciones clínicas de los niños y niñas.

Vivimos unos tiempos en los que ellos y ellas tienen un sufrimiento derivado del momento que les toca vivir:

– momentos de excesos y de carencias,
– de dificultades con la ley
– de exigencias de juventud eterna,
– momentos en los que la función paterna está debilitada
– momentos en los que la diferencia entre lo público y privado es muy pequeña.
– donde el límite entre lo infantil y adolescente y adulto es tenue. Momentos de precocidad, se espera de los niños que aprendan un segundo idioma con un año, que controlen esfínteres cuando otros quieran, que duerman de un tirón, que aprendan sin dedicarle en tiempo necesario… toda una carrera de obstáculos que impiden que el niño pueda esperar para conseguir sus deseos en la vida.
– Estamos en una época de pocas palabras y muchas imágenes, demasiadas pantallas en la vida de los niños y adultos, que evitaran encontrarse con la mirada y atender a los otros que le rodean.
– Épocas de grandes deseos y de frustraciones. En ocasiones los niños en esta sociedad son la esperanza de futuro de sus padres… una buena inversión…
– tiempos de diagnósticos precoces y de medicalización en la infancia, buscando encontrar una solución rápida a problemas complejos.

En definitiva, la infancia, ya sabemos todos nosotros no es un periodo feliz.

En la infancia se inicia un proceso de marcas, deseos, pulsiones, seducciones, sexualidad, frustraciones, satisfacciones… que no parará a lo largo de la vida… Desde el momento en el que una pareja piensa en tener un hijo, el bebé será soñado por sus padres y por sus seres significativos, será sujeto de historias familiares, recuerdos y expectativas con las que irá formándose el hijo ideal, que tendrá que contrastarse con el real y hacer el duelo por el primero, iniciándose un camino de duelos que harán que el hijo pueda ser alguien distinto de sus padres, con una vida propia.

El recién nacido, es recibido con la idea de que él o ella sí que conseguirán en la vida aquello que sus padres no pudieron conseguir, este bebe, será portador de algo de la vida e historia de sus padres.

Los padres esperan con el hijo (de modo inconsciente) ser aquellos hijos que no pudieron ser para sus padres. Nosotros a esto le llamamos narcisismo. Los niños suelen colocarse como una garantía del narcisismo de sus padres, si esto es muy intenso al hijo le costará tener una vida propia.

Cada avance en la vida del hijo, irá unido a un duelo que supone una pérdida del niño de la infancia, así hasta la adolescencia y luego edad adulta. Por eso estamos en condiciones de afirmar que el aparato psíquico es un aparato en construcción. En el que influye también el recorrido de los padres y de sus dificultades para su estructuración y para facilitar la inscripción de lo vivenciado por el niño.

Vemos que la constitución psíquica está marcada por los otros, por la madre, el padre y todos los significativos de su vida y sobre todo por la manera que hayan tenido de transitar por su historia con sus propios padres.

Cada madre traducirá lo que le pasa a su bebe, tiene frio, hambre… le duele la barriga, hay mucho
ruido… y será capaz de hacer que lo que era doloroso en un inicio se convierta en otra cosa, transformará la vivencia de dolor en una vivencia calmante, porque quien traduce le incluirá en su universo. Las vivencias del principio de la vida se inscriben dejando marcas, marcas de otro que posibilitará la vida.

La madre desde su deseo y cumpliendo su función, lee lo que cree que el bebe demanda, leyendo lo suyo en el rostro del bebe, aporta cuidados, satisface necesidades… transmitiendo así el lugar que tiene el pequeño en la cadena generacional. (Mannoni, 1982).

Todo niño arma un recorrido propio (Janin, 2007) según sus propias disposiciones y los distintos encuentros con los otros.

Haciendo de las inscripciones su modo particular de ir estando en el mundo. Tan particular que nos impedirá plantear que hay dos recorridos iguales, cada niño nace en un momento distinto de la vida de sus padres, por lo tanto todos los sufrimientos de los niños serán distintos y tendrán que ver con su historia y la de sus antepasados. Es imposible que un mismo diagnóstico describa dos situaciones idénticas.

Estas disposiciones son las que le permiten registrar, inscribir unas representaciones y no otras. Vivenciar situaciones de distintos modos. El niño sano, está atento a la realidad psíquica de los otros, y la elabora del modo que puede desde el principio a través de la palabra, del rostro, de las caricias de quien le espera.

A partir de este momento el niño pequeño que se encuentra con otro, iniciara un viaje de seducción mutua que hará que quien le espera deposite en él deseos, expectativas… pero también frustraciones, duelos sin resolver, narcisismo positivo y negativo, de vida y de muerte.

El niño formará una imagen de sí en la que quedaran impresas esas representaciones de todos los antepasados encarnadas en ese otro (generalmente la madre) que por la tarea de traducción le convertirá en un ser deseante incluido en el mundo. Esta imagen puede ser buena o mala según con que ojos y con qué inconsciente se le mire.

En las consultas, en la actualidad, vemos niños con sufrimientos derivados de las dificultades asociadas a los conflictos con los otros con uno varios sujetos significativos. Son trastornos o perturbaciones de la constitución psíquica en el camino de la subjetivación.

Como decíamos antes la historia no es individual, sino que implica un entramado particular en un contexto familiar y social determinado.

Estos malestares son la expresión sobre todo de la relación con la madre en las primeras fases de la vida. La madre es un sujeto marcado, con su propia historia, que arrastra sus propias dificultades, con la historia de sus emociones y de sus relaciones… con sus deseos y prohibiciones que cuando se encuentra con su hijo abre zonas erógenas, liga erotismo con ternura, calma, contiene…

De ahí la complejidad, la existencia de perturbaciones múltiples y de la variedad en cuanto a la psicopatología infantil.

Estamos viendo a niños, con problemas de atención, que no paran, con dificultades de aprendizaje, del trastorno autista, desafiantes… asperger, que padecen de psicosis … que son etiquetados permanentemente, medicados, y ante los cuales es posible que en distintos encuentros con profesionales se les diagnostique, pero nadie se pregunte… ¿pero este niño de qué sufre?

Las determinaciones son múltiples y variadas. A mí me gusta decir que los niños sufren de desencuentro.

Para poder pensarlo vamos a distinguir la mujer de la madre.

Hubo un tiempo, y Freud contribuyó a ello con su conceptualización, en el que las mujeres encontraban la respuesta a su feminidad y a su falta en la maternidad. Con el hijo se conseguía lo que como mujer no tenía y le faltaba… seguramente todo el medio cultural esperaba que eso fuera así. El deseo de tener un hijo compromete en la mujer, al ejercicio de su femineidad. (La presión social se ejercía, y aquella mujer que no tenía hijos, le faltaba algo y sobre todo no iba a ser feliz,… pobres aquellas parejas que no conseguían tener hijos). En la actualidad sabemos que tener hijos no posiciona a una mujer como madre simplemente por el hecho de tenerlos.

Tener un hijo siempre es fruto de una decisión derivada de un deseo. Y si se tiene o no tendrá unas implicaciones importantes para la persona que tome esa decisión sea hombre o mujer. En la medida que la educación es más igualitaria, que la mujer sale a trabajar fuera de casa, que accede al mundo de la cultura fuera del hogar… se modificará también el modo de satisfacción como mujer.

Hoy día, en ocasiones, la maternidad no devuelve a algunas mujeres la prometida satisfacción y se sorprenden de que no sea una satisfacción absoluta y que al mirar fuera encuentren también objetos de deseo e irremediablemente a veces eso se tilda con “¿eres o soy una mala madre?*

El deseo de hijo es una mezcla del deseo de inmortalidad, del deseo biológico, deseo de amor y de transmisión.

Teniendo en cuenta que este deseo es del dominio del inconsciente, se derivará del vínculo que cada persona establezca con sus padres, se desplegará y denunciará un orden social particular en el que se producen cambios en familias y por lo tanto nuevas formas de parentalidades.

Pero sean cuales sean estas forma de parentalidad, lo que generación tras generación se transmite es la relación con la falta (eso que dice que no se puede tener todo, que la satisfacción nunca va a ser completa).

La madre le ofrece al niño un mundo ya codificado por ella, y se lo transmite a través de palabras, gestos y miradas… e interpretará su llanto, sus respuestas ante sus acciones de acuerdo a sus propios registros y con su diferente historia.

Es desde el inconsciente de la madre, desde donde se irá constituyendo la subjetividad del niño. Inconsciente que como un guion antecede al hijo, lo que ocurre antes de ese encuentro está en el campo del lenguaje, y coloca al niño en relación con su padre, madre, abuelos, y familiares significativos… porque antes de llegar al mundo ya formará parte de una cadena, un linaje, de una familia que transmitirán, como dice Oswaldo Frizzero, “cosas buenas, bien dichas por lo tanto benditas o mal dichas por lo tanto malditas”.

Transmitimos y somos depositarios de un nombre, de la historia de nuestra familia, nuestro pueblo y de nuestra civilización…., de un lenguaje que transmite las emociones y que pone de manifiesto la experiencia de lo imposible.

Este lenguaje actúa como estructura de separación, con la aparición del lenguaje se tramita la ausencia del otro, y esta será una premisa para la humanización. Es por que el niño habla y es hablado que puede soportar la ausencia de la madre.

Esta pérdida es una experiencia de límite y este será en sí mismo generador de deseo. Es porque todo no es posible, porque el deseo no llega nunca a satisfacerse que la vida tiene lugar.

El niño viene a un mundo desconocido en el que se le espera o no, y aun cuando se le espera puede ocurrir que no se den las condiciones psíquicas necesarias para el encuentro… el encuentro entre quien ocupe el lugar de la función materna y paterna. Que este niño sea deseado o no tendrá importancia en todo el proceso del que vamos a hablar.

En palabras de Recalcati (2018) “si el niño no es deseado antes de su nacimiento, si no se le quiere, si ningún deseo lo está aguardando, las consecuencias serán una mutilación de su sentimiento de la vida. La ausencia de deseo materno hace que la vida carezca de sentido”.

Desde una perspectiva freudiana la maternidad permitiría a la mujer hacerse con lo que no tiene a través del niño (Freud, 1923, 1925). Gracias al hijo tiene la posibilidad de colmar el deseo insatisfecho.

Si damos un paso más allá de la teoría freudiana, desde un enfoque lacaniano distinguiendo a la mujer de la madre y planteando que detrás de una madre siempre hay una mujer, que por el bien de su hijo, buscará la satisfacción en otro lugar (Lacan, 1992, 1995,2014).

La madre en tanto mujer, coloca al niño en el lugar del objeto de deseo y el niño se identifica con este lugar

Para colmar el deseo materno, produciéndose una satisfacción que tiene los días contados porque en la vida de la madre, hay una mujer que reclama su lugar, su satisfacción y por lo tanto que quiere y necesita a partir de un momento mirar un poco para otro sitio.

La mujer, que no se agota en la madre, enseña a su hijo que su deseo está atrapado en un más allá, está dirigido hacia otro lugar atraído por una incógnita que no coincide con el propio hijo (Recalcati 2018).

La relación del niño con el deseo de la madre, siempre que se trate de una relación lo suficientemente buena, nunca es una relación ente dos, sino entre tres, en la que el tercero es la función paterna (no necesariamente el padre) que sea capaz de capturar el deseo materno impidiendo su fijación con el niño. (Recalcati 2018)

El nombre del Padre significa la separación, la madre nunca es madre del todo, está habitada por una carencia que la constituye como mujer. Es solo la existencia de la mujer en la madre, lo que impulsa el deseo del otro más allá del niño (Recalcati 2018).Si el deseo de la madre no está condicionado por el de la mujer, puede ser vivido por el niño como una voluntad sin Ley que impide la separación (Recalcati 2018).

Lacan atribuye la mayor parte de los problemas de la relación primaria madre-hijo a la sexualidad femenina: el deseo de la madre se vuelve patológico cuando apaga la sexualidad femenina. (Recalcati, 2018).

Una madre que busca un tercero, que pasada por la función paterna, mira a su bebe y busca la mirada de otro u otro lugar que le dé satisfacción, mirará a su hijo y le transmitirá “te quiero mucho… pero tú no eres todo lo que me colma” y con en esa mirada al tercero (que puede ser el padre, o cualquier otro lugar en el que la madre encuentre una satisfacción que no le dará su bebe) dejará a su hijo el camino libre en la vía.

De modo que entendemos que el deseo de un hijo, expresado bajo las formas que sea, anterior al nacimiento será el requisito para ir armando vías deseantes.

El niño depende de quién, de ahora en adelante, llamaré madre, aunque sabemos que nos referimos a una función. Y necesita de un padre, que en función paterna se preste a organizar esa relación.

En general, la función materna está ocupada por la madre, y está representada por la palabra dependencia, dependencia mutua… el niño necesita del otro, y ese otro necesita de su bebe para sentirse plena y omnipotente.

La potencia de la madre implica decisiones sobre la vida y la muerte de su hijo.

Se producirá un encuentro y necesariamente para que la vida sea posible un desencuentro, el desencuentro que dice que detrás de la madre hay una mujer insatisfecha.

Existe un desencuentro necesario para que uno no sea todo lo que el otro quiere, es estructurante, entonces el niño no sufrirá de desencuentro sino que lo hará por los límites de la vida. En el futuro será un hombre o una mujer con conflictos. Que estará inmerso en el mundo del deseo, de los limites, de las renuncias… se convertirá irremediablemente en un ser deseante y buscará vivir sabiendo que la satisfacción original ya no la encontrará nunca.

Vemos que emergemos psíquicamente desde la imperfección y frustración.

Si a un bebe le diera lo mismo que le alimentaran con una leche que otra, que dejaran de darle el pecho y pasara al biberón, que le bañaran o no… si no diera muestras de disgusto o de satisfacción, si no protestara porque su madre no acude cuando tiene hambre pensaríamos que algo raro ocurre.

El bebe no sólo tiene que comer y dormir para sobrevivir, sino que debe hacerlo en unas determinadas condiciones que hacen que se sienta satisfecho y seguro… el llanto que producen los cambios, cuando el chupete se cae y no es repuesto, cuando se hace el destete, cuando se le da otro juguete que no es aquel que le da seguridad y el niño se enfada, cuando se le ofrece la comida sólida y no la leche esperada,… indica que la función no es perfecta porque produce insatisfacción y frustración… Esta imperfección está en la base de la vida simbólica y humana, nos aleja definitivamente del resto de seres vivos y nos da la posibilidad de que lo psíquico tenga lugar.

El sentido de la vida psíquica estará siempre en el ser humano que tiene en frente y, que en función materna le mira con ganas de saber.

Recalcati, en Manos de Madre, plantea que “Una madre no se distingue por la diligencia de sus cuidados, sino por cómo sabe corresponder al deseo de reconocimiento del niño a través de su propio deseo”, continua Recalcati, “si una madre se propone como completa en su ser, como libre de carencias, como un todo encerrado en sí mismo, idealmente autosuficiente, si vive la maternidad bajo el signo de la omnipotencia o de la indiferencia, no contribuye a asignar el lugar simbólico necesario para que un niño se sienta lo suficientemente digno de amor”.

La función materna se ejercerá pues desde la falta, y cuando nombramos la falta, no queremos decir la ausencia del objeto, sino de “algo que se ausente de su presencia misma” (Hassoun, 1997).

Pero este encuentro o desencuentro marcado por la limitación no siempre puede tener lugar…Puede estar marcado por el exceso o defecto ya podemos hablar de un desencuentro que llevará al sufrimiento.

El camino entre el exceso y el déficit, entre en exceso de presencia o el exceso de ausencia, es un síntoma que remite a las dificultades de una mujer para integrar a la madre y a la mujer (Lacan, 2014).

Por eso, en ocasiones el nacimiento de los hijos lleva a una crisis en las parejas.

Y hablamos de exceso (con una madre, que por sus disposiciones psíquicas inconscientes, que usa a su hijo como satisfacción, demasiado abnegada, embelesada, solícita todo el tiempo con él, que por ejemplo, no para de usar la primera persona de plural… no puede decir el niño come, sino me come o comemos… en definitiva una imagen donde la diferenciación no se da, y las necesidades del hijo son vividas como propias… este niño lo tendrá difícil para crecer en un lugar distinto que el imposible en el que ha sido colocado…

En palabras de Recalcati “Si una madre se ha dejado absorber de manera unilateral por ser su madre, la posición del niño tendrá un exceso de presencia y el vínculo materno será un vínculo asfixiante, como un obstáculo para la separación.” La madre ocupa el centro del ser mismo del sujeto (Lacan 1992),

La relación se vuelve asfixiante cuando la madre ha perdido su condición de mujer, y su deseo está puesto únicamente en el hijo…

Pareciera que puede devorarle, no hay nada que le interese más, ni el padre, ni el mundo que le rodea. Como consecuencia, la separación será una tarea imposible.

Estas relaciones harán que la relación del niño con el mundo sea muy difícil, nadie sabrá como ella lo que le pasa a su hijo, no hay relación que compita con esta inicial… la función paterna es difícil… no hay quien rompa esto.

Voy a hablarles de Juan… J, tenía 4 años cuando llegó a la consulta. Viene acompañado de sus padres que expresan la preocupación porque este niño estaba ensimismado, no le interesaba el mundo, se relacionaba poco con sus compañeros de Escuela… no atendía a la profesora y parecía que todo le daba igual. Viene diagnosticado de Trastorno del Espectro Autista.

Su madre, solo vivía para él, desde su nacimiento había dejado de trabajar y el padre (de una profesión liberal) había doblado su horario de trabajo).

La historia de Juan era complicada. Los padres se conocieron en un lugar de estudio muy satisfactorio para ambos… ella era la segunda hija de una familia en la que el padre nunca estuvo presente, es mas en un momento dado desapareció (abandono a su familia), con una madre “que sólo pensaba en ella” y él, era el segundo hijo en una familia con un nivel cultural medio bajo… pero él había conseguido el máximo en los estudios y en su profesión, … era el cerebro de la familia y en palabras de su madre “todo lo que yo hubiera deseado”.

Era un hijo colocado en el lugar de la satisfacción como tal ejercía.

Antes del nacimiento de Juan, los padres perdieron otro hijo, en el momento del parto… Justo a los 12 meses nace Juan y tiene el nombre que se había pensado para el bebe anterior. Desde entonces, su madre no puede mirar para otro sitio… dice “mi hijo lo es todo, no necesito nada más para ser feliz… se ha hecho experta en las cosas de los niños, se adelanta a sus necesidades… no puede frustrarle en nada… ella tiene miedo a que muera pero no se da cuenta que está poniendo en riesgo el deseo su hijo.

La relación de pareja es inexistente, y el padre expresa que siente que no tiene nada que hacer más allá de trabajar… pero está ahí.

El niño puede ser atrapado en el ser por lo que otros le proponen, todo su deseo se satisfará en el deseo de la madre.

Pero el déficit también es posible…

Ahora el bebe no podrá ser investido por quien le espera y quedará sin la envoltura que produce esa alegría en el reconocimiento y la filiación.

El sujeto corre el riesgo de no advenir si no hay alguien que lo sueñe, que lo imaginarice, que quiera lo mejor para él, que quiera que crezca para que tenga su vida propia.

En primer lugar hablaré de las madres narcisistas.

En el polo opuesto a las madres devoradoras, nos encontramos aquellas madres que desde su narcisismo inconsciente no pueden salir del lugar de mujer para cederle un lugar al hijo (Recalcati, 2008, 2018).

Lara en una niña que tiene 5 años cuando va a consulta, según sus padres, “en el colegio dicen que es incapaz de aprender nada… están desesperados… No saben si tendrá un retraso madurativo”.

La pareja de sus padres está formada por un hombre de 55 años, atractivo, exitoso en su trabajo, con buena situación económica. Para quien Lara es la 5 hija de su tercer matrimonio. La madre es una mujer de 35 años, que pareciera de 25 por el aspecto físico,… atractiva y muy preocupada por su aspecto. Se divorciaron cuando Lara tenía año y medio y desde entonces la vida es un calvario, dice la madre.

La niña nació cuando llevaban cinco años casados, y eran una pareja feliz, ella le acompañaba a él en sus negocios, como si no tuviera vida… su función era ser la pareja de él, y entonces todo funcionaba perfectamente. El atendía al resto de sus hijos en diferido, estaban en otro país y además su sistema de vida no le permitía verlos con regularidad.

Ahora ya son mayores, pero han crecido sin verle. Ella no tenía demasiada formación y dejó sus ocupaciones, que no le eran demasiado satisfactorias, cuando le conoció y hasta que nació Lara ejercía el papel de mujer… mujer que no pudo dar lugar a la madre.

Era la única hija de tres hermanos varones y su madre le transmitió “según ella “que lo mejor era que se dedicara a tener una buena situación económica con un hombre que pudiera cuidar de ella, ya que su padre, había sido incapaz de satisfacerla a ella en lo que esperaba de él… que le evitara las insatisfacciones de la vida.

Además este hombre, el padre, parece ser que a los hijos varones les trataba con cierta violencia y a ella le ignoraba profundamente (dice, ¿será por ser chica?).

Así que encontró al padre de Lara y era perfecto, hasta que los requerimientos de la niña hicieron de su vida un imposible. Cuando nació, a los cuatro días cambiaron de ciudad, nadie había preparado su habitación porque se iban, nadie tenía en cuenta sus horarios, el padre porque trabajaba y ella porque no podía soportar la idea de verse como una madre entregada a su hija, aunque solo fuera un tiempo.

Así transcurrieron los primeros años de Lara, donde no se tuvieron en cuenta ninguna de sus necesidades… nadie pensó que tenía que tener una rutinas, que había que parar para que el encuentro fuera posible… el padre, enfadado con la madre porque no podía ser como sus ex-mujeres, “le habían dejado a él pero habían cuidado de sus hijos perfectamente”. Ahora su pareja se declaraba incapaz.

Cuando se separan las cosas empeoran… la madre con la niña no puede estar a solas… siempre le acompaña sus actividades como adulta, no la lleva al parque, al cine… y discute con ella todo el tiempo por quien tiene la razón, rivalizando porque papa a ti te quiere y a mí no.”

Nadie atiende a sus necesidades de niña… el padre siempre dándole lo que pide y la madre no puede evitar culparla de la separación.

Lara tuvo mala suerte, ni su padre ni su madre pudieron hacer de función materna necesaria para que pudiera estructurarse”. Lara se quedó más pendiente de los otros que del mundo que le rodeaba.

Ser madre puede dañar mucho la imagen que de sí misma como mujer tiene.

Esta madre, narcisista, no por negligencia, pero será caprichosa, descuidada… con tendencia a rivalizar con su hija y expresará su rechazo.

Esta mujer que acaba anulando a la madre, puede sentirse deprimida, con ausencia de emociones ante sus hijos y que provocará en ellos desestructuración y sentimientos de rechazos permanentes.

La terapeuta, después de valorar la situación se puso un primer objetivo. Hacer una madre donde no la había.

También existen madres que están deprimidas que no pueden transmitir el sentimiento de la vida.

El niño debe, ser maravilloso para sus padres pero si no lo es puede producirse una organización defectuosa del yo como yo ideal. Una organización narcisista endeble que requiere todo un sistema defensivo y puede tener consecuencias muy negativas para el sujeto.

Cuando una madre está muy deprimida el rechazo es posible… la prevalencia del rechazo, puede llevar a un no querer desear, un rechazo a todo deseo.

La mirada ausente de una madre con su bebe, impide que el rostro de esta madre sea la entrada al mundo… en palabras de Winnicott (1971) “el rostro de la madre es un rostro al que se mira, no algo donde mirar”.

La frialdad es percibida por el niño como una dificultad para salir al mundo.

En estas condiciones la creatividad es un asunto difícil, el niño no puede crear, imaginar… no puede atender a otro lugar que no sea a esa cara de la madre… intentar despertarla de su letargo con dificultades escolares graves, ataques de ira o violencia, con hiperactividad…

En este sentido es importante la figura de “La madre muerta “de A. Green (1986).

Cuando hablamos de “madre muerta” no nos referimos a la ausencia real del cuerpo de la madre, sino a una madre que hasta un momento funcionó como una madre no ausente, que estaba ahí y que a partir de una situación (no siempre conocida por ella ni por los que le rodean, es incapaz de transmitir nada relacionada con el deseo, más bien obstaculiza esta transmisión.

Estas madres no pueden transmitir la presencia amorosa y por tanto tampoco la ausencia…los hijos pensarían que no la echan de menos porque nunca estuvo… pero sé que está porque no tengo otra, esta madre no sabe ausentarse.

El deseo de estas madres puede transmitirse como deseo ausente, congelado, muerto.

Pero en su condición de ausente, está constantemente en la vida del sujeto.

Es aquella madre de la que es imposible elaborar el duelo porque no se ha perdido, de la que el hijo no puede separarse porque permanentemente parece que está abocados a tener que despertar.

Ellas parecen incapaces de amar, prisioneras de su propio sufrimiento… La respuesta del niño será una dificultad para afectivizar a la madre y se identificará con ella, como si pudiera evitar el dolor psíquico causado por la retirada traumática de la madre (si soy como ella así la tengo). (Algunos niños diagnosticados de déficit de atención o trastornos autistas, por otro lado se identifican a esta madre y no pue-den atender a otra cosa que no sea a ella).

La herencia materna se convierte en una prisión, un agujero psíquico que no puede ser rellenado con nada (Recalcati, 2018)

En ambos casos las consecuencias son importantes…

María es una niña de 7 años que acude a consulta porque “no puede atender a nada” y todos los problemas derivados de esta situación, es un problema en el colegio, en las reuniones familiares, en los campamentos… no consigue entablar relación con nadie porque nadie puede entenderla” dicen sus padres. Tiene dos hermanos más pequeños que ella de 3 y de 5 años.

El padre aparece como un hombre que no está preocupado por la niña, siempre es asunto de otros… la culpa la tiene el colegio, los amigos, su madre… no hay nada que le concierna a ellos ni a él como padre… incluso dice “esta mujer, refiriéndose a la madre, no es capaz de hacerse con ella. Yo no tengo estos problemas… me la llevo al campo, dormimos los dos en la tienda de campaña y a mí no me da problemas, a ella le gusta venir… tampoco le pido mucho a la vida…”

La madre tiene un relato muy desvitalizado… habla de la niña como si fuera un robot… sin afecto… la describe como imposible de relacionarse con ella… dice “no la soporto siempre pegada a mí, o dándome sobresaltos… que si se rompe una pierna, un brazo… cuando era pequeña con menos de un año… la llevaba al parque y ella no se relacionaba con nadie solo tirada en la arena… (Yo me pregunto ¿qué niño en el parque con esta edad se relaciona con alguien?) Ha sido horrible darle de comer, acostarla… que haga las tareas del colegio, no le interesa nada. La madre relata los primeros meses de la niña como si no hubieran pasado, todo bien o mal, no recuerda nada… estaba ausente, dice de la niña, pero la que estaba ausente era ella.

Fue imposible recoger datos de su primera infancia, ninguno de los dos recordaba nada relevante porque la niña no reclamaba nada, era muy buena… hasta que tuvo que ir a la escuela infantil, allí empezaron los problemas cuando otros que no estaban deprimidos vieron lo difícil que era conectar con esta niña.

A la segunda entrevista el padre ya no acudió, no lo veía necesario… la madre cuenta… q durante el embarazo murió mi padre… no recuerdo sentir nada especial… solo algo de pena… esta como ausente, … fría, helada cuenta…no sabe nada, no puede concretar… relata los hechos como si fueran de otros pero no llora, no expresa emociones.…

María, en su corta vida había tenido muchos accidentes una rotura de brazo, dos en la pierna, múltiples caídas con heridas… cuando viene a la consulta la dejan en la calle y sube sola, cuando se va no la recogen en la puerta… tiene que bajar sola a la calle en una céntrica zona de una gran ciudad… cuando la terapeuta le dice a la madre que no puede ser… que tendrá que venir con ella y la recogerá en la puerta… la madre dice no poder hacer eso … tengo que aparcar… como perdida… no va a poder venir a terapia… yo no puedo con todo esto, tengo un cansancio… (Casi podríamos traducir, estoy muerta)

María identificada con su madre no puede atender a otra cosa que no sea ella, y no para de jugarse la vida para poder despertarla.

Siempre me pregunto en estos casos donde la función materna es fallida, no negligente, sino que quien ocupa el lugar de la madre tiene unas disposiciones inconscientes complicadas… y que estas circunstancias afectan a la vida de los hijos… ¿dónde están el resto de personas que rodean la vida del niño? ¿Dónde está el padre, que no puede colocarse en función materna y proteger a esta madre y a su bebe? La respuesta no es fácil… a veces el sufrimiento es de soledad.

Cuando una mujer siente que su hijo es todo lo que quiere no parece que sea fácil que los otros entren en el juego…cuando una mujer está triste o siente que no puede integrar a su hijo en su vida, muy a menudo pero no siempre, coincide con padres que creen que los hijos pequeños son cosa de las mujeres, que ellos no pueden hacer nada … y cuando una mujer no puede con su vida… si no hay alguien cerca que pueda recogerla, alguien debe ayudarla y hacer la función que ella ahora no puede pero que con ayuda en algún momento podrá.

Me gustaría terminar con unos versos de Mario Benedetti…

Cuando te gusta una flor, la arrancas,

Pero cuando amas una flor, la cuidas y riegas a diario

Quien entiende esto, entiende la vida.

* Texto Procedente de clase dictada en “Escribir la maternidad ese milagro tan cruel” en los cursos de verano de la Universidad Menéndez Pelayo. Santander julio 2018

**Sobre la autora: Beatriz Azagra es Psicóloga Clínica, Psicoanalista y Psicoterapeuta  azagras@gmail.com

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