Nuestra compañera Freya Escarfuyery fue la encargada de abrir la Jornada. Planteó interrogantes e inquietudes que giran en torno al papel que el nuevo orden tecnológico tiene en la construcción de la subjetividad y el riesgo que supone la cosificación del otro semejanate en las relaciones virtuales en la cultura de la inmediatez. Oportunidades nuevas, nuevos riesgos y nuevos desafíos que invitan a cuestionarnos.

Beatriz Janin expuso sus puntos de vista invitándonos a la reflexión.

– Los avances tecnológicos suponen una apertura, una posibilidad de conexión con el mundo que es absolutamente novedosa y enriquecedora. Pero también trae aparejada nuevos modos de angustia y nuevas formas de soledad. Podríamos presuponer que a través de las redes estamos permanentemente conectados. ¿Qué efectos tiene en la estructuración subjetiva?. Veamos algunos de sus efectos:

  –  Se quiebra la conexión entre lo público y lo privado, dejando expuesta, a la vista de todos, la intimidad del niño, del adolescente y de la familia.

  – El narcisismo y la existencia misma pareciera sostenerse hoy en el número de seguidores que los usuarios tienen en las distintas redes.

  – Un tercer efecto es sin duda la soledad: No hay ni tiempo ni espacio para estar a solas con nosotros mismos. Pero, ¿Quiénes son los “otros” del mundo virtual? ¿son otros semejantes? ¿son otros al modo de números de seguidores, de likes? Tiempos de angustia, tiempos de no-espera asentados en la inmediatez.

Distintos interrogantes teóricos y clínicos fueron planteándose a lo largo de la conferencia. En esta breve reseña queremos resaltar una cuestión que consideramos central:

Tal vez el problema no sean las pantallas, sino la soledad en la que dejamos a los niños frente a esas pantallas. Los dejamos solos como un espectador pasivo ante una pantalla que no podrá jamás tener en cuenta la subjetividad de ese niño. Cuando a un niño muy pequeño le damos un móvil para que se entretenga, ¿qué tipo de relación le estamos proponiendo?¿Tendrá que ver con una necesidad de no involucramiento de los padres en la crianza? ¿Padres hiperexigidos que no encuentran ni tiempo ni espacio para vincularse emocionalmente con los niños?

Tal vez esta situación esté propiciando la tendencia actual de hablar de TEA (trastorno del espectro autista), es decir, niños con dificultades en la conexión, en las relaciones, niños que no logra armar un juego simbólico. ¿Será consecuencia de un mundo adulto que se desconecta de las necesidades de los pequeños? Niños con dificultades en la adquisición del lenguaje….sabemos que el lenguaje se adquiere en un vínculo con otro, con otro que entrega la palabra como un regalo, un lenguaje que se construye por identificación con otro significativo. Libidinización de la palabra por libidinización del vínculo humano. Un otro que, además, debe estar ausente para que el niño intente recuperarlo por medio de la palabra, instalándose así, el juego presencia-ausencia que nos humaniza. Ausencia que la hiperpresencia de una pantalla no permite instaurar.

 En este sentido, cabe el interrogante: El TEA, ¿no tendrá que ver entonces con la ausencia de un armado vincular, con un déficit en la oferta libidinal que el mundo adulto ofrece a los pequeños, con una ausencia de la presencia de los adultos suplida con una pantalla?

Una afirmación cierra su ponencia: El problema no es la tecnología. El problema debemos buscarlo en el borramiento de los adultos – sobre todo con los más pequeños – en el quiebre de los vínculos humanos. El problema es cuando la tecnología está siendo usada en el lugar del vínculo humano, cuando la oferta libidinal de un vínculo entre el adulto y el niño se obtura con una máquina, colocando al niño en una situación de quietud y pasivización ante una pantalla que, además, genera mutiplicidad de estímulos que exceden la posibilidad de metabolización del psiquismo infantil.