EL JUEGO COMO ACONTECIMIENTO SUBJETIVO.
A cargo de: Liora Stavchansky y Gisela Untoiglich
Presenta: Julia Aduriz
MARTES 13 DE NOVIEMBRE A LAS 20.30 H.

Julia Aduriz fue la encargada de presentar a las ponentes Liora Stavchansky y Gisela Untoiglich. Una presentación lúcida e inteligente que situó el compromiso tanto ético como clínico de dos psicoanalistas comprometidas con la infancia, compromiso que se sintetiza en una frase: En la infancia, los diagnósticos se escriben con lápiz.

Ellas nos transmitieron su manera particular de entender tanto la clínica de hoy como la interrelación ineludible entre lo subjetivo y lo social. Enmarcadas en la corriente de pensamiento que anuda psicogénesis con sociogénesis plantearon interesantes reflexiones: ¿Cómo concebir el juego infantil? ¿Qué lugar ocupa el analista de niños ante un niño que no puede jugar? ¿Porqué hay niños que no juegan?

Pensar acerca del juego infantil permite poner una lupa para pensar las infancias de hoy.

El juego es ya una interpretación de la realidad que hace un niño, profanando lo sagrado introduce la ilusión y funda el acontecimiento. Un acontecimiento subjetivo y subjetivante. El jugar constituye lo infantil de la infancia; y es en el jugar donde el sujeto adviene. Pero no hay juego sin don, sin otro que done, sin otro que done palabras, sin otro que done ilusión, sin otro  que ofrezca esa apuesta libidinal que implica todo deseo de vínculo.

Una breve viñeta clínica ilustra y guía interesantes reflexiones : Un niño de 5 años, en una primera entrevista, dice: “Vengo, porque estoy cansado de trabajar”

Esta breve viñeta ilustra a un niño de hoy, retrata a un niño llamado a producir, a tener logros, a “encajar” en el sistema, retrata a un niño lleno de actividades extra escolares que no tiene tiempo para jugar porque jugar está considerado una pérdida de tiempo que lo aleja del tiempo “productivo” donde la inmediatez está a la orden del día;  es decir, un síntoma epocal de una sociedad exitista que demanda resultados.

La sociedad actual no crea revolucionarios, crea adultos deprimidos que temen no encajar con el sistema, que temen quedarse fuera y sucumbir. Y los niños de hoy no escapan a estos condicionantes sociales.

Para que un niño pueda ser niño necesita jugar, porque es jugando  – y jugando entre dos – que el niño se constituye.

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